- ¡Auch! – gimió el Gaiwan - ¡Me has pisado el faldón de la túnica!, ¡Ten mas cuidado bruto!
- Perdón tío, es que en la oscuridad no calculo bien las distancias – se disculpo el bárbaro.
- ¡Psshhh, callaos! – inquirió Ray – No sabemos que bestias puede haber a lo largo de este pasillo y vosotros peleándoos como chiquillos.
- Perdón – se disculparon a la vez el bárbaro y el mago.
Hacia solamente cinco minutos que la compañía se había internado en el pasadizo que había tras la pared de las runas. Sin embargo su percepción temporal, completamente atrofiada al no tener ninguna referencia visual entre tanta oscuridad, les hacia creer que llevaban mas de una hora recorriendo el pasadizo. La compañía, andaba en fila de a uno. El ladrón el primero, con la antorcha en la mano, para divisar posibles trampas y así poder sortearlas. Tras él, el mago que le servia de apoyo ante posibles trampas mágicas. Y por ultimo el bárbaro, con la espada desenfundada y de esta forma poder cubrir la retaguardia. Por suerte, para la cordura de la compañía (y la nuestra), la situación tomo un nuevo rumbo.
- ¡Ray! – dijo por lo bajo el bárbaro - ¿Qué es eso que hay al final del pasillo?
- Parece una luz, ¿puede que sea la aurora boreal? – pregunto el mago.
- ¿La aurora boreal?, ¿En un pasadizo? – dijo Ray incrédulo - ¡No digas chorradas! Es el final del pasadizo, posiblemente una puerta.
- Cierto… jeje… a tenido gracia, ¿eh?... la aurora boreal… era una broma… ya sabéis, ironía, sarcasmo, ese tipo de cosas – se disculpo el mago, que no le libro de recibir una colleja del bárbaro.
A medida que la compañía se aproximaba, la luz se hacia mas intensa y de esta forma podrían ver con mayor claridad el final del pasadizo. El ladrón estaba en lo cierto (o por lo menos parcialmente). En vez de ser una puerta lo que les esperaba al final, era un arco que sin haberlo cruzado todavía, suponían que les llevarían a otra gran sala (siempre se espera que sea una gran sala).
Tras cruzar el arco, la compañía vio que se encontraban en una especie de risco que daba a una amplia caverna. La luz que vislumbraron por el pasadizo que dejaron atrás, provenía de una grieta en el techo de la caverna. La compañía supuso pertenecía a la luz del día (aunque no lo tenían muy claro). Pero unos ruidos provenientes de la zona baja del risco, llamaron su atención.
- ¿Oís algo? – pregunto Ray con la antorcha todavía en la mano.
- Parece que proviene de abajo – dijo el mago.
El bárbaro se acerco al borde del risco y hecho un vistazo. Diviso varias figuras alrededor de una hoguera. El bárbaro hizo una señal a sus compañeros para que se agacharan, a la que estos hicieron caso. La compañía se arrastro hasta llegar al borde del risco y analizaron la situación. Vislumbraron cuatro figuras. Portaban cotas de mallas ligeras, formadas a partir de retales de
otras muchas. Sus espadas estaban melladas y parecían muy viejas, aunque los destellos que emitían daban a entender que todavía estaban afiladas.
- Da la sensación de que pertenecen a una especie de regimiento – comento el bárbaro.
- Es posible que sean de alguna avanzadilla, quizá un grupo de exploradores – dijo el mago.
- ¿Quizá estén montando guardia en esta zona? – pregunto el bárbaro.
- ¿Estáis tontos o que? – interrumpió el ladón – No tiene sentido, de ninguna de las maneras. Se supone que nadie sabe el paradero de este sitio, todo esto es…. como una antigua civilización perdida. Nos encomendaron una misión…
- … que todavía nos tienes que revelar – interrumpió el bárbaro.
- … como iba diciendo – continuo el ladrón sin hacer caso al bárbaro – Una misión que nadie sabe que estamos llevando acabo. Es imposible que nos hayan seguido o que nos estén esperando.
- En lo referente a lo que ha dicho nuestro amigo greñudo – comento el mago refiriéndose al bárbaro – ¿Cuándo nos vas a contar lo que estamos buscando?
- Eso – enfatizo el bárbaro - ¿Cuándo?
El ladrón les miro a los dos y suspiro, mientras se quitaba una legaña.
- En cuanto solucionemos el problema de ahí abajo, os contare todo. ¿Algún plan?
- Mmm… no se… ¿Son humanos? – pregunto el mago, mientras volvía a mirar al regimiento. – Lo digo por que tiene un color ligeramente verdoso, como si fueran orcos. Quizás Goblins.
- Demasiado altos pare ser Goblins – le corto el bárbaro. Mientras se levantaba, se espolso el polvo, desenvainó la espada y le quitó la antorcha de la mano a Ray.
- ¿Entonces que? – pregunto el ladrón.
- Entonces nada. Dará igual cual sea su especie. Lo único que os importara es que dentro de poco, serán fiambres y de esta manera dejaremos de darle a la “singueso” – respondió el bárbaro con actitud chulesca.
- ¿Vas a ir a pecho descubierto?, ¿así por las buenas? – pregunto el mago incrédulo – ¡Es un suicidio!
- Bueno, tenemos de nuestra parte el factor sorpresa, ¿No crees? – contesto el bárbaro burlonamente.
Acto seguido, y sin dejar tiempo a que los otros le replicaran, el bárbaro lanzó la antorcha hacia el grupo de guerreros que había debajo del risco. Sin apenas haber comprobado, si los guerreros desviaban la atención a la antorcha recién aparecida de la nada, el bárbaro salto del risco con la espada por encima de la cabeza cogida por las dos manos. “Ese truco nunca falla” pensó mentalmente el bárbaro. Y estaba en lo cierto.
Del grupo de guerreros, el que estaba más alejado de la antorcha, noto un cambio en el aire, detrás de su nuca. Cuando giro la cabeza para saber de que se trataba, todo lo que vio fue el rojo más absoluto. Y nada más. El bárbaro había asestado un tajo con su espada en la cabeza del guerrero, partiéndola en dos como un melón. Haciendo fuerza con el pie sobre su cuerpo, saco la espada de la herida. El ruido del cuerpo si vida al caer al suelo, alerto a los tres guerreros que se habían distraído con la antorcha. Con las espadas todavía enfundadas, miraron cautos al bárbaro.
- No os molestéis en desenvainar – sugirió el bárbaro.
Los guerreros dudaron por un instante, pero el bárbaro no les dio más tiempo para pensarlo. Antes de que el guerrero más cercano pudiera desenvainar, fue lanzado al suelo por un empujón del bárbaro, y desde allí vio como este dejaba caer todo el peso de su espada sobre su esternón. Desde lo alto del risco Ray y Gaiwan contemplaban la carnicería.
- No se le da nada mal – comento el mago.
- No, nada mal. Prepárate. Vamos a baja – dijo el ladrón.
- Si, será lo mejor.
Mientras Gaiwan y Ray bajaban por una cuerda que había atado este último a un saliente, el bárbaro se defendía de los estoques que lanzaba uno de los guerreros que había ido a su encuentro. Era veloz y usaba una espada más pequeña y ligera que la del bárbaro, para de esta forma poder atacar y cubrirse con velocidad. Pero todavía estaba algo desorientado por los
acontecimientos y por lo tanto nervioso. “Nervioso como un principiante. Este es presa fácil” pensó el bárbaro. Cuando el guerrero asesto un golpe con la espada, el bárbaro la bloque con la suya saltando chispas por el choque.
Durante unos segundos, los dos forzaron los músculos para conseguir romper el bloque del otro. “Ya me he cansado de este mequetrefe” pensó el bárbaro. Cuando vio que una gota de sudor recorría la frente del guerrero y esta estaba a punto de entrarle en el ojo, el bárbaro aprovecho el momento y le dio un cabezazo. El guerrero noto, dentro del aturdimiento en que se encontraba, como el frontal de su cráneo se había fracturado, pero durante poco tiempo. El bárbaro le lanzó un tajo en horizontal de trescientos sesenta grados a la altura del vientre, que esparció sus tripas en todas direcciones.
El último guerrero que quedaba, miró al bárbaro estupefacto y lo único que se le ocurrió hacer fue levantar la espada sobre la cabeza, ir corriendo a su encuentro y gritar como un condenado. “Así me gusta. Los que lo dan todo son los mejores” sentencio el bárbaro mientras agarraba fuertemente su espada con las dos manos y la lanzaba en dirección del desgraciado. La espada impacto en el pecho del desgraciado, que no solamente lo paro en seco, si no que lo lanzo varios metros para atrás. Con el cuerpo del desgraciado en el suelo, el bárbaro se acerco y recogió la espada.
- Bueno, bueno, no ha estado nada mal. Un buen combate para desentumecer los músculos, era lo que me hacia falta – dijo fanfarronamente el bárbaro - ¿Qué pensáis colegas?
Cuando el bárbaro se giró para mirar al risco, vio que sus compañeros ya no estaban allí. Al bajar la vista, se los encontró cerca de una cuerda, llenos de sangre e intestinos pertenecientes al guerrero del cráneo fracturado.
- ¡¿No tienes suficiente con quemarme el gorro y pisarme el faldón de la túnica, que además me tienes llenar de mierda?! – grito el mago encolerizado.
- La próxima vez – dijo el ladrón mientras se limpiaba las salpicaduras de sangre que tenia en la cara – ten más…
- Perdón tío, es que en la oscuridad no calculo bien las distancias – se disculpo el bárbaro.
- ¡Psshhh, callaos! – inquirió Ray – No sabemos que bestias puede haber a lo largo de este pasillo y vosotros peleándoos como chiquillos.
- Perdón – se disculparon a la vez el bárbaro y el mago.
Hacia solamente cinco minutos que la compañía se había internado en el pasadizo que había tras la pared de las runas. Sin embargo su percepción temporal, completamente atrofiada al no tener ninguna referencia visual entre tanta oscuridad, les hacia creer que llevaban mas de una hora recorriendo el pasadizo. La compañía, andaba en fila de a uno. El ladrón el primero, con la antorcha en la mano, para divisar posibles trampas y así poder sortearlas. Tras él, el mago que le servia de apoyo ante posibles trampas mágicas. Y por ultimo el bárbaro, con la espada desenfundada y de esta forma poder cubrir la retaguardia. Por suerte, para la cordura de la compañía (y la nuestra), la situación tomo un nuevo rumbo.
- ¡Ray! – dijo por lo bajo el bárbaro - ¿Qué es eso que hay al final del pasillo?
- Parece una luz, ¿puede que sea la aurora boreal? – pregunto el mago.
- ¿La aurora boreal?, ¿En un pasadizo? – dijo Ray incrédulo - ¡No digas chorradas! Es el final del pasadizo, posiblemente una puerta.
- Cierto… jeje… a tenido gracia, ¿eh?... la aurora boreal… era una broma… ya sabéis, ironía, sarcasmo, ese tipo de cosas – se disculpo el mago, que no le libro de recibir una colleja del bárbaro.
A medida que la compañía se aproximaba, la luz se hacia mas intensa y de esta forma podrían ver con mayor claridad el final del pasadizo. El ladrón estaba en lo cierto (o por lo menos parcialmente). En vez de ser una puerta lo que les esperaba al final, era un arco que sin haberlo cruzado todavía, suponían que les llevarían a otra gran sala (siempre se espera que sea una gran sala).
Tras cruzar el arco, la compañía vio que se encontraban en una especie de risco que daba a una amplia caverna. La luz que vislumbraron por el pasadizo que dejaron atrás, provenía de una grieta en el techo de la caverna. La compañía supuso pertenecía a la luz del día (aunque no lo tenían muy claro). Pero unos ruidos provenientes de la zona baja del risco, llamaron su atención.
- ¿Oís algo? – pregunto Ray con la antorcha todavía en la mano.
- Parece que proviene de abajo – dijo el mago.
El bárbaro se acerco al borde del risco y hecho un vistazo. Diviso varias figuras alrededor de una hoguera. El bárbaro hizo una señal a sus compañeros para que se agacharan, a la que estos hicieron caso. La compañía se arrastro hasta llegar al borde del risco y analizaron la situación. Vislumbraron cuatro figuras. Portaban cotas de mallas ligeras, formadas a partir de retales de
otras muchas. Sus espadas estaban melladas y parecían muy viejas, aunque los destellos que emitían daban a entender que todavía estaban afiladas.
- Da la sensación de que pertenecen a una especie de regimiento – comento el bárbaro.
- Es posible que sean de alguna avanzadilla, quizá un grupo de exploradores – dijo el mago.
- ¿Quizá estén montando guardia en esta zona? – pregunto el bárbaro.
- ¿Estáis tontos o que? – interrumpió el ladón – No tiene sentido, de ninguna de las maneras. Se supone que nadie sabe el paradero de este sitio, todo esto es…. como una antigua civilización perdida. Nos encomendaron una misión…
- … que todavía nos tienes que revelar – interrumpió el bárbaro.
- … como iba diciendo – continuo el ladrón sin hacer caso al bárbaro – Una misión que nadie sabe que estamos llevando acabo. Es imposible que nos hayan seguido o que nos estén esperando.
- En lo referente a lo que ha dicho nuestro amigo greñudo – comento el mago refiriéndose al bárbaro – ¿Cuándo nos vas a contar lo que estamos buscando?
- Eso – enfatizo el bárbaro - ¿Cuándo?
El ladrón les miro a los dos y suspiro, mientras se quitaba una legaña.
- En cuanto solucionemos el problema de ahí abajo, os contare todo. ¿Algún plan?
- Mmm… no se… ¿Son humanos? – pregunto el mago, mientras volvía a mirar al regimiento. – Lo digo por que tiene un color ligeramente verdoso, como si fueran orcos. Quizás Goblins.
- Demasiado altos pare ser Goblins – le corto el bárbaro. Mientras se levantaba, se espolso el polvo, desenvainó la espada y le quitó la antorcha de la mano a Ray.
- ¿Entonces que? – pregunto el ladrón.
- Entonces nada. Dará igual cual sea su especie. Lo único que os importara es que dentro de poco, serán fiambres y de esta manera dejaremos de darle a la “singueso” – respondió el bárbaro con actitud chulesca.
- ¿Vas a ir a pecho descubierto?, ¿así por las buenas? – pregunto el mago incrédulo – ¡Es un suicidio!
- Bueno, tenemos de nuestra parte el factor sorpresa, ¿No crees? – contesto el bárbaro burlonamente.
Acto seguido, y sin dejar tiempo a que los otros le replicaran, el bárbaro lanzó la antorcha hacia el grupo de guerreros que había debajo del risco. Sin apenas haber comprobado, si los guerreros desviaban la atención a la antorcha recién aparecida de la nada, el bárbaro salto del risco con la espada por encima de la cabeza cogida por las dos manos. “Ese truco nunca falla” pensó mentalmente el bárbaro. Y estaba en lo cierto.
Del grupo de guerreros, el que estaba más alejado de la antorcha, noto un cambio en el aire, detrás de su nuca. Cuando giro la cabeza para saber de que se trataba, todo lo que vio fue el rojo más absoluto. Y nada más. El bárbaro había asestado un tajo con su espada en la cabeza del guerrero, partiéndola en dos como un melón. Haciendo fuerza con el pie sobre su cuerpo, saco la espada de la herida. El ruido del cuerpo si vida al caer al suelo, alerto a los tres guerreros que se habían distraído con la antorcha. Con las espadas todavía enfundadas, miraron cautos al bárbaro.
- No os molestéis en desenvainar – sugirió el bárbaro.
Los guerreros dudaron por un instante, pero el bárbaro no les dio más tiempo para pensarlo. Antes de que el guerrero más cercano pudiera desenvainar, fue lanzado al suelo por un empujón del bárbaro, y desde allí vio como este dejaba caer todo el peso de su espada sobre su esternón. Desde lo alto del risco Ray y Gaiwan contemplaban la carnicería.
- No se le da nada mal – comento el mago.
- No, nada mal. Prepárate. Vamos a baja – dijo el ladrón.
- Si, será lo mejor.
Mientras Gaiwan y Ray bajaban por una cuerda que había atado este último a un saliente, el bárbaro se defendía de los estoques que lanzaba uno de los guerreros que había ido a su encuentro. Era veloz y usaba una espada más pequeña y ligera que la del bárbaro, para de esta forma poder atacar y cubrirse con velocidad. Pero todavía estaba algo desorientado por los
acontecimientos y por lo tanto nervioso. “Nervioso como un principiante. Este es presa fácil” pensó el bárbaro. Cuando el guerrero asesto un golpe con la espada, el bárbaro la bloque con la suya saltando chispas por el choque.
Durante unos segundos, los dos forzaron los músculos para conseguir romper el bloque del otro. “Ya me he cansado de este mequetrefe” pensó el bárbaro. Cuando vio que una gota de sudor recorría la frente del guerrero y esta estaba a punto de entrarle en el ojo, el bárbaro aprovecho el momento y le dio un cabezazo. El guerrero noto, dentro del aturdimiento en que se encontraba, como el frontal de su cráneo se había fracturado, pero durante poco tiempo. El bárbaro le lanzó un tajo en horizontal de trescientos sesenta grados a la altura del vientre, que esparció sus tripas en todas direcciones.
El último guerrero que quedaba, miró al bárbaro estupefacto y lo único que se le ocurrió hacer fue levantar la espada sobre la cabeza, ir corriendo a su encuentro y gritar como un condenado. “Así me gusta. Los que lo dan todo son los mejores” sentencio el bárbaro mientras agarraba fuertemente su espada con las dos manos y la lanzaba en dirección del desgraciado. La espada impacto en el pecho del desgraciado, que no solamente lo paro en seco, si no que lo lanzo varios metros para atrás. Con el cuerpo del desgraciado en el suelo, el bárbaro se acerco y recogió la espada.
- Bueno, bueno, no ha estado nada mal. Un buen combate para desentumecer los músculos, era lo que me hacia falta – dijo fanfarronamente el bárbaro - ¿Qué pensáis colegas?
Cuando el bárbaro se giró para mirar al risco, vio que sus compañeros ya no estaban allí. Al bajar la vista, se los encontró cerca de una cuerda, llenos de sangre e intestinos pertenecientes al guerrero del cráneo fracturado.
- ¡¿No tienes suficiente con quemarme el gorro y pisarme el faldón de la túnica, que además me tienes llenar de mierda?! – grito el mago encolerizado.
- La próxima vez – dijo el ladrón mientras se limpiaba las salpicaduras de sangre que tenia en la cara – ten más…
- ¡¡ …. Cuidado, Pólux!! , ¿¡En que diablos estas pensando!?
- Lo siento padre, es que con la emoción – se disculpo el bárbaro mientras asestaba estocadas – tu ya me entiendes…
-¿¡QUE YO YA TE ENTIENDO!? – grito el padre de Pólux mientras cortaba el brazo de algún pobre infeliz - ¡Pero si te has cargado a cuatro soldados de nuestros aliados!, ¡Parece que no te enteras!, ¡El enemigo son los del imperio de los Oritios!, ¡Los Orotios son nuestros aliados, mendrugo!
- Joder, padre, en el fragor de la batalla es difícil no equivocarse – se defendió Pólux mientras esquivaba una estocada y le cortaba la yugular a un soldado – además, menudo nombre que tienen nuestros aliados, manda huevos.
- Tú no conoces el dicho de que los amigos no los eliges tú, si no que son ellos los que te eligen a ti – dijo el padre del bárbaro mientras sacaba su espada de un fiambre y corría hacia el siguiente montículo – Pues los aliados es igual.
- Los dichos populares apestan – dijo el bárbaro mientras era acompañado por un escuadrón de guerreros en pos de su padre.
- Y los aliados también, hijo ¡Ja, ja, ja!
- Mi querido Preto ¿No te dije que no sabes valorar a la gente? – dijo el general al padre de Pólux, mientras se lavaba las manos en una pila – Te dimos la oportunidad de anexionar tu tierra a nuestro imperio y de mantenerte como gobernador de la región, bajo nuestro mando, pero gobernador al fin y al cabo. Y tú, como el imbecil que eres, decides luchar contra nosotros, aliándote con los ineptos de los Orotios.
- No hace falta que hurgues mas en la herida, Promaco. Mátanos y se acabo, así de fácil – respon-dió Preto resignado.
- Te consideraba mas luchador, Preto – Promaco termino de lavarse las manos y se limpio en una toalla que le ofreció un esclavo – No te entristezcas, que todavía puede haber una solución que nos satisfaga a todos. Desatadlos.
El círculo de soldados acometió la orden y desataron a Pólux y a su Padre del poste. El general salio de la tienda y los soldados hicieron señas a los prisioneros para que lo siguieran al exterior. El general, seguido de los prisioneros, atravesó el campamento en completo silencio hasta salir de el. Siguieron la marcha hasta llegar a las ruinas de un antiguo templo. El general dio la orden de custodiar el templo.
- Escuchad atentamente. Pólux, tu padre aunque fue gran guerrero, ahora es muy anciano y difícilmente podrá hacer lo que os voy a proponer. Por este motivo te propongo a ti, hacer un trato – empezó a decir el general.
- ¿Qué tipo de trato? – pregunto Pólux.
- Si nos haces un pequeño favor, le devolveremos el dominio de vuestras tierras a tu padre, Pólux. Así de fácil – respondió el general.
- Seguro que tiene trampa, es lo habitual – contesto Pólux malhumorado.
- Y como es habitual, vosotros aceptareis el trato, aunque tenga trampa – comento el general con media sonrisa en los labios. Pólux miro a su padre y después al general “¿Qué demonios? Bah, hagámoslo. Mejor esto, que estar prisionero.” El general hizo un gesto con la cabeza, señalando a la oscuridad interna del templo.
- Yo me hago cargo, papa – dijo Pólux antes de que su padre pudiera moverse.
- ¿De verdad hijo? – pregunto Preto con una lagrimilla en los ojos.
- Claro hombre – dijo el bárbaro y en ese momento se fundió en un abrazo con su padre, para enseguida separarse como si no hubiera ocurrido nada – ¡Bueno, bueno!, ¡Basta ya padre, sin mariconadas, que somos guerreros!
- Cierto – corroboro Preto - sin mariconadas.
Acto seguido, el bárbaro se interno en las profundidades del templo. Lo primero que noto, es que las baldosas de mármol desaparecían bajo sus pies, provocando que cayese de cabeza al suelo de roca desnuda del templo. Cuando se incorporo, y todavía estando un poco mareado escucho una voz.
- NOS ALEGRA PODER CONOCERLO. EL CIRCULO POR FIN SE CIERRA.
- Lo siento padre, es que con la emoción – se disculpo el bárbaro mientras asestaba estocadas – tu ya me entiendes…
-¿¡QUE YO YA TE ENTIENDO!? – grito el padre de Pólux mientras cortaba el brazo de algún pobre infeliz - ¡Pero si te has cargado a cuatro soldados de nuestros aliados!, ¡Parece que no te enteras!, ¡El enemigo son los del imperio de los Oritios!, ¡Los Orotios son nuestros aliados, mendrugo!
- Joder, padre, en el fragor de la batalla es difícil no equivocarse – se defendió Pólux mientras esquivaba una estocada y le cortaba la yugular a un soldado – además, menudo nombre que tienen nuestros aliados, manda huevos.
- Tú no conoces el dicho de que los amigos no los eliges tú, si no que son ellos los que te eligen a ti – dijo el padre del bárbaro mientras sacaba su espada de un fiambre y corría hacia el siguiente montículo – Pues los aliados es igual.
- Los dichos populares apestan – dijo el bárbaro mientras era acompañado por un escuadrón de guerreros en pos de su padre.
- Y los aliados también, hijo ¡Ja, ja, ja!
Al cabo de tres horas, la batalla concluyo, o por lo menos parcialmente. Siempre había los típicos cabezotas, que les encantaba ir de machos y no dar su brazo a torcer, sobre todo cuando la batalla estaba pérdida. Pólux y su padre estaban dentro de este grupo. El padre de Pólux, que siempre tuvo madera de líder (sobre todo cuando su tribu la componía un atajo de cabezas huecas), era un nefasto estratega y tenía muy pocas luces para valorar a la gente. Este último defecto se puso de manifiesto en el hecho de no saber elegir bien ni a sus aliados (los soldados masacrados por su hijo), ni a sus enemigos (los soldados que también fueron masacrados, pero en menor medida y que ganaron la batalla). En la tienda del bando ganador, se encontraban Pólux, su padre y varios soldados supervivientes atados a diferentes postes. Alrededor de ellos un círculo de soldados hacía guardia. Una cortina se descorrió y por ella entro el general del ejército vencedor, que se pasaba la mano por la cabeza rapada al tiempo que miraba a los perdedores.
- Mi querido Preto ¿No te dije que no sabes valorar a la gente? – dijo el general al padre de Pólux, mientras se lavaba las manos en una pila – Te dimos la oportunidad de anexionar tu tierra a nuestro imperio y de mantenerte como gobernador de la región, bajo nuestro mando, pero gobernador al fin y al cabo. Y tú, como el imbecil que eres, decides luchar contra nosotros, aliándote con los ineptos de los Orotios.
- No hace falta que hurgues mas en la herida, Promaco. Mátanos y se acabo, así de fácil – respon-dió Preto resignado.
- Te consideraba mas luchador, Preto – Promaco termino de lavarse las manos y se limpio en una toalla que le ofreció un esclavo – No te entristezcas, que todavía puede haber una solución que nos satisfaga a todos. Desatadlos.
El círculo de soldados acometió la orden y desataron a Pólux y a su Padre del poste. El general salio de la tienda y los soldados hicieron señas a los prisioneros para que lo siguieran al exterior. El general, seguido de los prisioneros, atravesó el campamento en completo silencio hasta salir de el. Siguieron la marcha hasta llegar a las ruinas de un antiguo templo. El general dio la orden de custodiar el templo.
- Escuchad atentamente. Pólux, tu padre aunque fue gran guerrero, ahora es muy anciano y difícilmente podrá hacer lo que os voy a proponer. Por este motivo te propongo a ti, hacer un trato – empezó a decir el general.
- ¿Qué tipo de trato? – pregunto Pólux.
- Si nos haces un pequeño favor, le devolveremos el dominio de vuestras tierras a tu padre, Pólux. Así de fácil – respondió el general.
- Seguro que tiene trampa, es lo habitual – contesto Pólux malhumorado.
- Y como es habitual, vosotros aceptareis el trato, aunque tenga trampa – comento el general con media sonrisa en los labios. Pólux miro a su padre y después al general “¿Qué demonios? Bah, hagámoslo. Mejor esto, que estar prisionero.” El general hizo un gesto con la cabeza, señalando a la oscuridad interna del templo.
- Yo me hago cargo, papa – dijo Pólux antes de que su padre pudiera moverse.
- ¿De verdad hijo? – pregunto Preto con una lagrimilla en los ojos.
- Claro hombre – dijo el bárbaro y en ese momento se fundió en un abrazo con su padre, para enseguida separarse como si no hubiera ocurrido nada – ¡Bueno, bueno!, ¡Basta ya padre, sin mariconadas, que somos guerreros!
- Cierto – corroboro Preto - sin mariconadas.
Acto seguido, el bárbaro se interno en las profundidades del templo. Lo primero que noto, es que las baldosas de mármol desaparecían bajo sus pies, provocando que cayese de cabeza al suelo de roca desnuda del templo. Cuando se incorporo, y todavía estando un poco mareado escucho una voz.
- NOS ALEGRA PODER CONOCERLO. EL CIRCULO POR FIN SE CIERRA.
- Claro, tío. No sufras – respondió Pólux al ladrón mientras limpiaba la espada de sangre ajena y la envainaba.
- La próxima vez intentaremos trazar un plan, si no te es mucha molestia – dijo Ray mientras terminaba de recoger la cuerda y se aproximaba al bárbaro acompañado de Gaiwan.
- No me es ninguna molestia, Ray.
Ray miro los restos sanguinolentos que anteriormente era pertenecían a un regimiento. Mientras se dirigía a las tiendas, tuvo cuidado de no pisar ningún brazo o trozo de intestino. Por ese día, ya iba bastante servido de mierda ajena. Dentro de la tienda, comprobó que estaba lleno de víveres y de diversas provisiones.
- Creo que por hoy, hemos tenido suficiente – afirmo Ray mientras salía de la tienda – Acamparemos aquí, y gracias a las provisiones de nuestros anfitriones nos daremos un buen festín.
- Bravo – respondió el mago entusiasmado.
- Ya era hora – comento Pólux mientras sacaba un baúl de la tienda, lleno de alimentos diversos y lo dejaba cerca de la hoguera. Con el baúl abierto, el bárbaro saco una ristra de chorizos y los coloco sobre una plancha de metal que había encima de la hoguera – y nos contaras de que va todo esto, ¿No?
El mago levanto la vista y miro al ladrón.
- Claro – respondió Ray – pero primero comamos algo.
- La próxima vez intentaremos trazar un plan, si no te es mucha molestia – dijo Ray mientras terminaba de recoger la cuerda y se aproximaba al bárbaro acompañado de Gaiwan.
- No me es ninguna molestia, Ray.
Ray miro los restos sanguinolentos que anteriormente era pertenecían a un regimiento. Mientras se dirigía a las tiendas, tuvo cuidado de no pisar ningún brazo o trozo de intestino. Por ese día, ya iba bastante servido de mierda ajena. Dentro de la tienda, comprobó que estaba lleno de víveres y de diversas provisiones.
- Creo que por hoy, hemos tenido suficiente – afirmo Ray mientras salía de la tienda – Acamparemos aquí, y gracias a las provisiones de nuestros anfitriones nos daremos un buen festín.
- Bravo – respondió el mago entusiasmado.
- Ya era hora – comento Pólux mientras sacaba un baúl de la tienda, lleno de alimentos diversos y lo dejaba cerca de la hoguera. Con el baúl abierto, el bárbaro saco una ristra de chorizos y los coloco sobre una plancha de metal que había encima de la hoguera – y nos contaras de que va todo esto, ¿No?
El mago levanto la vista y miro al ladrón.
- Claro – respondió Ray – pero primero comamos algo.



jeejj esta way
ResponderEliminarpero te faltan tildes jejejeje
no es broma
esta muy bien como vas presentano a los pesonajes
ave si nos enteramosya de que va la historia jejeje
sip, has sido mas escueto con el bárbaro y eso que la acción era cañera... a ganado intensidad cuando a empezado a revanar cabezas jajaja.
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