jueves, 26 de febrero de 2009

V. .... Libertad Religiosa....

Las tres cuerdas que ató Ray a los salientes superiores estaban fuertemente amarradas, pero eso no les libro de llevarse algún que otro susto. La primera en ser atada, se llevo a cabo con la meticulosidad habitual en el ladrón, teniendo en mente conseguir un trabajo bien hecho, como el profesional que era. Medito detenidamente a que saliente debía ser atada la cuerda, sopesando la antigüedad de la roca, su humedad, el desgaste sufrido por el entorno… no le gustaba la idea de verse caer al abismo negro, por culpa de que la roca se resquebrajara y abrirse la cabeza contra el… ¿suelo?

La segunda cuerda fue atada a otro saliente, siguiendo el mismo procedimiento que la anterior. Nada nuevo bajo el sol. Que fuese otro el que se fuese a jugar el cuello, no impedía que el se comportara de manera profesional. Por esta cuerda descendió Pólux.

Pero la última cuerda… ya fue otra historia. Cuando Ray pensó todo lo acontecido mas tarde, no supo concretar a que pudo deberse el desliz. ¿Un exceso de confianza al no poner mas atención en los procedimientos?, ¿Un despistes quizás, por minio que fuera? “Todos el mundo es humano” pensó para si el ladrón. Auque también estaba la otra posibilidad. Cuando Ray se disponía a preparar la tercera cuerda, estallo una fuerte discusión entre Gaiwan y Pólux. El tema, Ray, no lo recordaba. “Algo de que Gaiwan se había pensado mejor lo del descenso y que seria mejor para él tomar otro atajo, que nos esperaría abajo. Vamos, el típico acojone pre-descenso” pensó Ray mas tarde. El caso es que Ray, intervino en la discusión para calmar los ánimos del mago y el bárbaro, pero sin saber muy bien como, acabo discutiendo con los dos a la vez. Al cabo de media hora, bajaron por las cuerdas.

Pólux y Ray bajaron de forma ágil y rápida, sin problema alguno. Dando pequeños brincos al mismo tiempo que soltaban poco a poco la cuerda con las manos, descendieron de forma muy deprisa. Gaiwan ya era otra historia. Con pasos cortos y temblorosos fue el descenso del mago, llegando a resbalar sus pies en algunos salientes, con un peligro de muerte más que asegurado. Ray disponía de unos guantes especiales para estas tareas, que fueron prestados a Gaiwan para evitar que el mago sufriera rozaduras en las manos.

El descenso por la pared fue más corto de lo que pensaba Ray. En apenas veinte minutos, el bárbaro y el ladrón descendieron setenta metros, y llegaron a un pequeño saliente que comunicaba con una caverna iluminada por varias antorchas pegadas a la pared. Sin embargo el sufrimiento del mago fue algo más duradero, ya que todavía le faltaban cincuenta metros por descender. Ray y Pólux esperaban a Gaiwan asomados al saliente mientras le hacían señas con las manos para que se diese prisa. Pero justo en ese momento, la roca a la que estaba atada la cuerda por la que el mago descendía, que no había sido inspeccionada de manera “profesional” por Ray, se resquebrajo por la parte que quedaba flotando en el vacío. “Joder, si que se esta dando caña al bajar” pensó Pólux mientras veía caer al mago a velocidad creciente. Ray tras escuchar el comentario de Polux, se acerco al borde, alzo la vista, y de esta forma pudo ver a que se refería el bárbaro.

- ¡Pólux!, ¡El saliente de roca se ha partido y viene hacia nosotros! – grito el ladrón mientras señalaba hacia el pedrusco volador.

Lo sucedido en ese instante sucedió muy rápido, pero haremos un pequeño esfuerzo y lo describiremos detenidamente. El mago, la cuerda y el saliente de roca caían a gran velocidad y en ese momento cada uno de los miembros de la compañía, tuvo varios pensamientos inspiradores. Gaiwan pensó “¡Mierda, Mierda, Mierda!, ¡Voy a morir, sin haberme graduado y lo que es peor, sin haber mojado!”. Por su parte Ray “Seguro que se nos muere el mago, para poco tiempo después necesitar de sus habilidades. Es lo típico, joder. Si se veía venir.” Y por ultimo estaba Pólux, que no pensó nada. Actuó.

- ¡¡GAIWAN, AGARRATE CON TODAS TUS FUERZAS A LA CUERDA!! – grito a pleno pulmón Pólux. Este saco su espada y se la paso a Ray – En cuanto logre coger la cuerda, corta el extremo que deje libre.

El mago y el ladrón sin apenas ocasión para pensar, hicieron lo que les ordenaron. El mago se agarro a la cuerda. Este y la cuerda cayeron a gran velocidad y pasaron junto a Pólux, que dejo que el mago cayera a su lado unos instantes, para acto seguido agarrar la cuerda con sus manos. La cuerda se deslizo por las manos del bárbaro, quemándole las palmas, pero freno en seco la caída. A todo esto el pedrusco descendía a gran velocidad sobre ellos, haciendo que la cuerda que estaba atada al otro extremo, se fuera amontonando sobre el saliente en que estaban Pólux y Ray. Este último lanzo un espadazo rápido sobre la cuerda para cortarla, y sin esperar un instante, Pólux tiro con rapidez para subir al mago que esperaba colgado en el abismo. Gaiwan que era subido a gran rapidez por Pólux, alzo la vista y vio el pedrusco cada vez más grande, que apenas le faltaba cinco metros para que los aplastase.


“No lo conseguiremos” pensó el mago. “Puto gordo, me esta jodiendo al espalda” pensó agriamente el bárbaro, que para su alivio, atisbo la cara del mago por el borde del saliente y le tendió rápidamente la mano. El mago la agarro apresuradamente, para notar como era alzado por el borde del saliente y arrastrado al interior de la cueva. Un instante antes de que Gaiwan entrara en la cueva arrastrado por Pólux y con la ayuda de Ray, vio como el pedrusco estuvo a menos de cincuenta centímetros de arrancarle lo que él usaba para llevar gorro. El pedrusco impacto contra el saliente, y con un fuerte estruendo fue arrancado de la pared de piedra, que cayo a la oscuridad acompañando al pedrusco homicida.

Pólux y Ray, que estaban tirados en el suelo se arrastraron al borde y miraron el abismo. Gaiwan permanecía con una postura bastante incomoda, en el suelo de la caverna.

- Ahora que estamos más tranquilos Ray, te quería preguntar una cosa – dijo Pólux.

-Dime.

- ¿Fue cosa de intuición saber que había que bajar por aquí?, ¿Cómo era posible que supieras que aquí había una caverna?

- No, no fue cosa de intuición. Lo vi en un manuscrito, en la tienda del regimiento – respondió el ladrón.

- Aja, te entiendo – comento el bárbaro mientras se levantaba y se acercaba al mago - ¿Estas bien?

El mago fue ayudado a levantarse por sus compañeros, y este se paso la mano por la túnica para quitarse el polvo.

- Sobreviviré, pero no volveré a bajar por ninguna cuerda más – respondió el mago un poco nervioso.

- ¿Como es posible que no usaras ningún hechizo en ese momento, cuando mas lo necesitabas? - pregunto Ray

- Estaba demasiado acojonado, para que me viniera algún hechizo a la cabeza – respondió el mago. El bárbaro y el ladrón se miraron y se encogieron de hombros. Sin decir nada más, se internaron en las profundidades de la caverna.

Las antorchas que fueron recogidas en el campamento, no fueron necesarias en las caverna, ya que esta estaba bien iluminada por diversas antorchas que estaba sujetas a la pared de la caverna hasta el final de esta, que quedaba muy lejos para ser alcanzado por parte de Ray, Pólux y Gaiwan.

- Menuda suerte – dijo Pólux – Un poco más y no lo cuentas Gaiwan. Esta claro que Croom nos protege en esta empresa.

- ¿Croom dices? – pregunto Gaiwan levantando una ceja – ¿Pero es que todavía hay gente que crea en ese farsante?

- ¡Croom no es ningún farsante! – respondió el bárbaro airado - ¿No sabes que con solo desearlo, Croom nos podría meter un trueno por el culo a cada uno?

- Claro, lo que tu digas – murmuro el mago.

Hubo un momento de silencio mientras proseguían la marcha hacia el interior de la caverna, pero Pólux volvió de nuevo a la carga.

- Si no crees en Croom, entonces ¿Cuál es tu dios?

- ¿Mi Dios? Fácil. Coronis, dios del conocimiento y protector de los estudiantes – respondió el mago con un brillo en los ojos.

- ¿¡Coronis!? ¡¡Bagh!! – dijo Pólux negando con la cabeza – Es un dios menor, típico de empollones.

- ¡Por lo menos no es un idiota como el tuyo, que solamente usa la cabeza como un ariete para abrir puertas! – respondió Gaiwan indignado.

- ¡Yo le mato! – grito Pólux. El bárbaro se paro en seco y empezó a desenvainar la espada al mismo tiempo que el mago alzaba las manos y las colocaba en posición defensiva, preparado para lanzar un hechizo.

- ¡¡Basta, basta!! – intervino Ray, poniéndose en medio de los dos y extendiendo los brazos para separarlos – Me importa una mierda vuestras creencias, dioses y demás paridas. Nuestro objetivo es encontrar esa reliquia y debemos trabajar juntos. Cuando muráis, que yo os deseo que sea dentro de mucho tiempo, ya tendréis tiempo de saber quien tiene razón. ¿Entendido?

La escena no podía ser más típica. Pólux y Gaiwan, como dos críos que se habían peleado en clase, con la vista fija en el suelo, y Ray como la “profe” borde, separándolos como los dos niños malos que eran.

- Andando – fue lo único que dijo el ladrón.

Al cabo de un rato largo de caminata, el grupo percibió algo en el extremo mas alejado de la caverna por la que transitaban. Una especie de pared lisa, con un hueco en la parte inferior, por el que se apreciaba una especie de luz azulada. Pero la paz que reinaba, volvió a ser quebrantada.

- ¿Y tú en que crees? – pregunto Pólux. La respuesta no llego en seguida, si no, que fue precedida por el suspiro del ladrón. Pero acabo llegando.

- Yo no creo – respondió llanamente el ladrón. El mago y el bárbaro se pararon en secos y se miraron entre ellos. Al cabo de unos pasos, Ray, al ver que no le seguían, se paro también y giro sobre si mismo.

- ¿No tienes dios? – pregunto incrédulo Gaiwan – ¿Te estas quedando con nosotros?

- No, no tengo – se limito a contestar.

- ¿Y se puede saber cual es el motivo? – pregunto el bárbaro con los brazos cruzados. El ladrón les miro durante un instante y al final dio un suspiro.

- Está bien – dijo Ray volviendo a ponerse en marcha mientras los otros le seguían – Pólux, tu crees en Croom, dios de la guerra, por costumbre, por tradición, por la familia, o por lo que sea. Pero un día cualquiera, te encuentras con alguien que te dice que eso es una patraña y te dice que el verdadero dios es, por ejemplo, Coronis, el dios de Gaiwan.

- ¡Pero eso es absurdo!, ¡Todo el mundo sabe que solo puede haber un dios! – respondió enojado Pólux.

- Cierto – dijo Ray – Y de la misma manera, que tu tienes esa opinión sobre Coronis, Gaiwan la tiene sobre Croom. Solo puede haber un único dios.

- En ese punto, estoy de acuerdo contigo – intervino Gaiwan – solo puede haber un único dios. Sin embargo creo, que cuando una persona muere solamente podrá ir a la otra vida de sus propias creencias. Quiero decir. Si yo creo en Coronis, iré al paraíso o al averno de mi credo, mientras que Pólux ira al de su credo.

El bárbaro miro al mago con el ceño fruncido, haciendo enormes esfuerzos para seguir el hilo de la conversación, captando una ligera luz de comprensión al final del túnel de la ignorancia.

- Aparentemente, esa es la postura más lógica – respondió Ray a Gaiwan – al mismo tiempo que la más cómoda. Es como un gran buffet libre de creencias místicas, que en un sistema politeísta funciona a las mil maravillas, pero en una religión monoteísta, se desmorona por si solo. Tu razonamiento, no tiene en cuenta que para un dios, pertenecer a otro credo, ya es suficiente para pasar toda la eternidad en el infierno. Desde ese punto de vista, Croom te pondrá el ojete como un colador y Coronis el ojete de Pólux. A esto hay que añadir, que hay tropecietosmil credos diferentes, y que cada dios, te reservaría un trozo de la eternidad para freírte a fuego lento en su infierno particular. ¡Imagínate que follon para que los dioses se pongan de acuerdo en ese aspecto!

Este razonamiento, dejo sin habla al bárbaro y al mago durante un rato. La marcha continuo un rato, hasta que divisaron perfectamente la pared lisa que daba por concluida la caverna. En ella apreciaron como el hueco de la parte inferior, por el que escapaba un halo azulado, estaba tapiado con maderas.

- ¿Entonces que? – dijo Pólux.

- ¿Qué de que? – fue lo único que respondió Ray.

- Sobre el tema ese de los dioses y todo eso – aporto Gaiwan.

- Bueno, yo creo en dos posibles teorías. La primera y mas sencilla es que no hay ningún dios – respondió Ray.

- ¿Y como explicas a las bestias que pueblan nuestro mundo?, ¿Grifos, Trols, Gárgolas, Orcos, Golems? ¿Y la lluvia, tifones y tornados?– pregunto Pólux.

- En cuanto a lo primero, creo que son criaturas procedentes de la naturaleza nada más. Simples desviaciones del curso normal de la madre tierra, como mutaciones. Y en cuanto a lo segundo, son solamente efectos climatológicos – respondió no muy convencido el ladrón.

- ¿Y Tu otra teoría? – pregunto Gaiwan.

- Mi otra teoría, es que solo existe un único dios posible, pero no como nosotros creemos – respondió tranquilamente Ray. Este, al pensar que su razonamiento no era suficientemente claro, continuo – Todas las religiones se basan, en las peripecias de un dios y algún pobre desdichado, que se cree un Mesías, mientras son documentadas por grupo de fanáticos ¿Cierto? Pues lo que quiero decir, es que la percepción que tienen los cronistas y el propio Mesías, para explicar los mensajes de es dios, son puramente subjetivos, no hay nada que sea comprobable, y por tanto es falible. El Mesías original del credo de Pólux, podría tener experiencias místicas con su Dios e interpretarlo de una forma. Y el otro Mesías, el de Gaiwan, podría hacer lo mismo con el dios de Polux, teniendo experiencias totalmente diferentes y pensar que son dioses completamente opuestos. Seria el mismo dios para los dos, y las interpretaciones de la gente seria totalmente diferentes, por que la percepción de la realidad es puramente subjetiva ¿Me pilláis o no?

Cuando Ray termino la exposición, el grupo ya había llegado al hueco tapiado, que era del tamaño de una persona adulta y por el que se escapaba una luz azulada. El ladrón se giro y miro a Gaiwan y Pólux. Después estos dos lo hicieron entre ellos. La cara del mago reflejaba, una ligera comprensión, mientras que la del bárbaro, permanecía ceñuda.

- Mierda – fue lo único que dijo el mago

- ¡Da igual lo que digas! – dijo cabezota el bárbaro - ¡Croom seguirá siendo el puto amo!

- En fin – musito el ladrón – Pólux ¿Me prestas un momento tu espada?

El bárbaro desenvaino y se la tendió. Sin dar tiempo a que le preguntaran que iba a hacer, Ray uso la espada como palanca, para sacar los tablones que tapiaban el hueco, dejándolo completamente libre al cabo de un cuarto de hora. Ray se la devolvió a Pólux, asomo la cabeza por el hueco y se giro de nuevo al grupo.

- Parece que hemos encontrado la cámara funeraria – comento con una sonrisa en los labios el ladrón.

- La cosa se pone interesante – dijo Pólux mientras pasaba por el hueco.

En ese momento Gaiwan miro a Ray y le pregunto

- ¿Y de nuestros jefes que opinas? ¿Qué crees que son? ¿Dioses?

El ladrón tardo un momento en contestar.

- Espero que no.

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