Ray, Polux y Gaiwan comían los alimentos sentados alrededor la hoguera, cada uno en un extremo. Junto a ellos en el suelo, reposaban la espada de Pólux, la bolsa de herramientas de Ray y una vieja bandolera perteneciente a Gaiwan, en la que descansaba un viejo grimorio mágico y varias cosas que eran mejor no saber.
Cada uno comía a su estilo. Gaiwan, con bocados pequeños y minuciosos. Ray, daba pocos mordiscos y masticaba la comida con rapidez. Y Pólux, sin dar la menor importancia a las formas, no se podía decir que comiera, si no que engullía. Era como un agujero negro, que no deja escapar la luz del sol, pero en este caso era la comida la que no escapaba de él. Gracias a esta técnica, Pólux fue el primero en terminar de comer. Al cuarto de hora, Ray y Gaiwan terminaron sus respectivas partes. Pólux los esperaba tumbado sobre el suelo de la caverna, con los brazos detrás de la cabeza, mirando las estrellas que se asomaban por la grieta en lo alto de la caverna. El eructo que expulso Polux, dio pie a la tanda de preguntas:
- ¿Nos cuentas de que va todo esto? – pregunto el bárbaro a ladrón.
- Claro – respondió Ray mientras se quitaba un trozo de comida de la boca – Disparad.
- ¿Quiénes son nuestros jefes? – pregunto el bárbaro.
- ¿La verdad? No lo se. Nunca los había visto hasta ahora – respondió Ray.
-¿Y como te pusiste en contacto con ellos y aceptaste la misión? – pregunto el mago.
- Estaba en un taberna, me puse borracho, hable mas de la cuenta y me vi obligado a aceptar la misión – respondió Ray mientras se tumbaba también en el suelo.
-¿Obligado? – pregunto Polux mientras bostezaba - ¿de que manera podrían obligarte?
-Me invitaron a una copa, en la que había diluido un veneno muy raro. A partir del momento que me tomara la copa, tendría un plazo de quince días para llevar a cabo la misión – respondió el ladrón. – No es preocupéis, todavía me quedan once días para que la podamos llevar a cabo.
- ¿Lograste verlos? A nuestros jefes me refiero – pregunto Gaiwan.
- No, estaban ocultos entre las sombras…. Además, iba muy pedo y no recuerdo muy bien la situación – contesto Ray mientras se hurgaba el dedo en la nariz en busca de petróleo - ¿Vosotros tampoco los visteis?
- No – negó con la cabeza el mago.
- No, también estaban entre tinieblas – corroboro el bárbaro.
- ¿Y Cuales son vuestras historias? – pregunto Ray mientras buscaba un destino a su “tesoro” encontrado en las profundidades nasales.
- Acepte esta misión para salvar a mi tribu. El imperio Oritio, en su afán expansionista ataco nuestras tierras y acabo conquistándolas – contesto el bárbaro mientras se levantaba y se dirigía a “cambiar el agua al canario” – Hicimos un trato con ellos y nos dijeron que nos devolverían la tierra si me metía en este lío.
- ¿Y tu Gaiwan? – inquirió Ray mientras se incorporaba.
- Yo… eh… bueno la historia no tiene mucho misterio. Estando en la universidad, revente los sistemas de seguridad mágicos y me hicieron elegir esto o la expulsión – respondió el mago encogiéndose de hombros – os podéis imaginar cual fue mi elección.
- ¿Todavía vas a la universidad? – pregunto Polux incrédulo mientras se guardaba el “cacharro” en los pantalones y se volvía a sentar en el suelo – ¿Pero no te da vergüenza, repetir tantas veces, maldito gañan?
- Pero si tendrías que estar ya jubilado – comento Ray entre risas.
- Que gracioso. Muy gracioso. Me troncho y me parto. Dejando de lado este “festival del humor”, tengo que deciros que los estudios mágicos se prolongan durante mucho tiempo. No es cosa de tres, cinco o diez años – contesto Gaiwan mientras se quitaba el gorro y se rascaba la coronilla. – Los estudios se pueden prolongar durante varias décadas, e incluso siglos. Pero gracias a estos conocimientos podemos, no detener, pero si ralentizar los efectos del tiempo sobre nuestros cuerpos.
- Ya veo – comento el bárbaro - ¿Y eres buen estudiante?
- No me va mal – respondió modestamente el mago.
El silenció que llegó a continuación solo fue interrumpido por el crepitar de los tocones de madera que yacían en la hoguera. Los tres miraban el fuego distraídos, como si fuera un péndulo a punto de hipnotizarlos.
- Ahora en serio – dijo por fin Polux - ¿Qué estamos buscando?
Ray miro primero a Polux y después a Gaiwan. Tras un instante, metió la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta de cuero y saco un folio que fue desplegado en el suelo. Polux y Gaiwan, bordearon la hoguera y se aproximaron a Ray para ojear que el papel. Era un dibujo. El bárbaro y el mago supusieron que eso era lo que había que encontrar, para acto seguido requisar (o lo que es lo mismo, robar) y por ultimo entregar a sus jefes. “O los jefes no saben dibujar muy bien o el objeto en cuestión no es muy agraciado, que digamos” pensó Polux. “Parece una especie de caja” fue lo que pensó a la vez Gaiwan. El objeto era un cubo, que estaba dibujado seis veces sobre el papel. Lo único que diferenciaba a una cara de otra eran diferentes muescas en cada cara.
- ¿Te dijeron de que esta hecho… eso? – pregunto Polux con el ceño fruncido.
-¿Perdón? – respondió Ray distraído.
- ¿Acero?, ¿Oro?, ¿Plata?, ¿Marfil? – aclaro Polux.
- No, la verdad es que no. No me comentaron nada – respondió ensimismado.
Cada uno comía a su estilo. Gaiwan, con bocados pequeños y minuciosos. Ray, daba pocos mordiscos y masticaba la comida con rapidez. Y Pólux, sin dar la menor importancia a las formas, no se podía decir que comiera, si no que engullía. Era como un agujero negro, que no deja escapar la luz del sol, pero en este caso era la comida la que no escapaba de él. Gracias a esta técnica, Pólux fue el primero en terminar de comer. Al cuarto de hora, Ray y Gaiwan terminaron sus respectivas partes. Pólux los esperaba tumbado sobre el suelo de la caverna, con los brazos detrás de la cabeza, mirando las estrellas que se asomaban por la grieta en lo alto de la caverna. El eructo que expulso Polux, dio pie a la tanda de preguntas:
- ¿Nos cuentas de que va todo esto? – pregunto el bárbaro a ladrón.
- Claro – respondió Ray mientras se quitaba un trozo de comida de la boca – Disparad.
- ¿Quiénes son nuestros jefes? – pregunto el bárbaro.
- ¿La verdad? No lo se. Nunca los había visto hasta ahora – respondió Ray.
-¿Y como te pusiste en contacto con ellos y aceptaste la misión? – pregunto el mago.
- Estaba en un taberna, me puse borracho, hable mas de la cuenta y me vi obligado a aceptar la misión – respondió Ray mientras se tumbaba también en el suelo.
-¿Obligado? – pregunto Polux mientras bostezaba - ¿de que manera podrían obligarte?
-Me invitaron a una copa, en la que había diluido un veneno muy raro. A partir del momento que me tomara la copa, tendría un plazo de quince días para llevar a cabo la misión – respondió el ladrón. – No es preocupéis, todavía me quedan once días para que la podamos llevar a cabo.
- ¿Lograste verlos? A nuestros jefes me refiero – pregunto Gaiwan.
- No, estaban ocultos entre las sombras…. Además, iba muy pedo y no recuerdo muy bien la situación – contesto Ray mientras se hurgaba el dedo en la nariz en busca de petróleo - ¿Vosotros tampoco los visteis?
- No – negó con la cabeza el mago.
- No, también estaban entre tinieblas – corroboro el bárbaro.
- ¿Y Cuales son vuestras historias? – pregunto Ray mientras buscaba un destino a su “tesoro” encontrado en las profundidades nasales.
- Acepte esta misión para salvar a mi tribu. El imperio Oritio, en su afán expansionista ataco nuestras tierras y acabo conquistándolas – contesto el bárbaro mientras se levantaba y se dirigía a “cambiar el agua al canario” – Hicimos un trato con ellos y nos dijeron que nos devolverían la tierra si me metía en este lío.
- ¿Y tu Gaiwan? – inquirió Ray mientras se incorporaba.
- Yo… eh… bueno la historia no tiene mucho misterio. Estando en la universidad, revente los sistemas de seguridad mágicos y me hicieron elegir esto o la expulsión – respondió el mago encogiéndose de hombros – os podéis imaginar cual fue mi elección.
- ¿Todavía vas a la universidad? – pregunto Polux incrédulo mientras se guardaba el “cacharro” en los pantalones y se volvía a sentar en el suelo – ¿Pero no te da vergüenza, repetir tantas veces, maldito gañan?
- Pero si tendrías que estar ya jubilado – comento Ray entre risas.
- Que gracioso. Muy gracioso. Me troncho y me parto. Dejando de lado este “festival del humor”, tengo que deciros que los estudios mágicos se prolongan durante mucho tiempo. No es cosa de tres, cinco o diez años – contesto Gaiwan mientras se quitaba el gorro y se rascaba la coronilla. – Los estudios se pueden prolongar durante varias décadas, e incluso siglos. Pero gracias a estos conocimientos podemos, no detener, pero si ralentizar los efectos del tiempo sobre nuestros cuerpos.
- Ya veo – comento el bárbaro - ¿Y eres buen estudiante?
- No me va mal – respondió modestamente el mago.
El silenció que llegó a continuación solo fue interrumpido por el crepitar de los tocones de madera que yacían en la hoguera. Los tres miraban el fuego distraídos, como si fuera un péndulo a punto de hipnotizarlos.
- Ahora en serio – dijo por fin Polux - ¿Qué estamos buscando?
Ray miro primero a Polux y después a Gaiwan. Tras un instante, metió la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta de cuero y saco un folio que fue desplegado en el suelo. Polux y Gaiwan, bordearon la hoguera y se aproximaron a Ray para ojear que el papel. Era un dibujo. El bárbaro y el mago supusieron que eso era lo que había que encontrar, para acto seguido requisar (o lo que es lo mismo, robar) y por ultimo entregar a sus jefes. “O los jefes no saben dibujar muy bien o el objeto en cuestión no es muy agraciado, que digamos” pensó Polux. “Parece una especie de caja” fue lo que pensó a la vez Gaiwan. El objeto era un cubo, que estaba dibujado seis veces sobre el papel. Lo único que diferenciaba a una cara de otra eran diferentes muescas en cada cara.
- ¿Te dijeron de que esta hecho… eso? – pregunto Polux con el ceño fruncido.
-¿Perdón? – respondió Ray distraído.
- ¿Acero?, ¿Oro?, ¿Plata?, ¿Marfil? – aclaro Polux.
- No, la verdad es que no. No me comentaron nada – respondió ensimismado.
- Quizá tenga propiedades mágicas, puede ser un catalizador de energía o incluso un poderoso amuleto – aporto Gaiwan a la conversación.
- ¿Un amuleto? – pregunto el bárbaro incrédulo – No tiene pinta de tener mucho valor.
- Eso nos da igual. Nuestra tarea es encontrarlo – sentenció Ray.
- Si, tienes razón – asintió el bárbaro.
- ¿Te dijeron cuales son sus dimensiones? – pregunto Gaiwan mientras levantaba la vista del papel.
- No. Tampoco me lo dijeron.
Mientras Gaiwan se masajeaba la sien, Pólux removió las brasas de la hoguera con una rama cercana, para que evitar que se apagara el fuego (cosa completamente inútil por que el fuego todavía estaba muy vivo).
- Dejando de lado el objeto en cuestión. ¿Qué debemos hacer ahora? ¿Cuál es nuestro siguiente movimiento? – dijo el mago mientras se levantaba y arqueaba la espalda para desperezarse.
- Nuestros jefes, durante mi encuentro me dieron unas indicaciones, una especie de guía, para llegar a nuestro objetivo. Aparentemente no nos queda mucho recorrido – respondió Ray mientras recogía el papel y le daba la vuelta – Todo lo que nos encontraremos por el camino esta aquí apuntado – continuo Ray mientras movía el papel en el aire.
- Es que me lo cuentan y no me lo creo – dijo Pólux - ¿Me estas diciendo que llevas apuntado todo lo que debemos hacer en un papel mugriento como si fuera la lista de la compra?
- Eh… sip… ¿algún problema? – respondió Ray extrañado.
- ¿No te preocupa que te lo puedan quitar en cualquier momento? Como por ejemplo, en algún asalto o algo – pregunto incrédulo Pólux.
- Bueno, hasta ahora nos ha ido bien – intervino Gaiwan – tampoco creo que sea para tanto.
- ¿Qué no es para tanto? – pregunto Pólux mirando a Gaiwan – En fin, que mas da. Entonces, ¿Qué es lo que pone?
- Bueno. Lo primero que debemos hacer – empezó el ladrón mientras sacaba unos anteojos de uno de sus bolsillos y se lo ponía sobre el puente de la nariz, – es encontrar la gran sala de esparcimiento, una cámara funeraria o algo por el estilo. Después deberemos llegar a una antigua fundición abandonada, perteneciente a la antigua civilización en la que nos encontramos, supongo. Acto seguido cruzaremos los cuarteles y los laboratorios abandonados Por ultimo recorreremos la sala del tesoro, donde presumiblemente encontraremos lo que buscamos.
El mago y el bárbaro miraron al ladrón asombrados mientras este se guardaba los anteojos. Después, el mago y el bárbaro se miraron entre ellos haciendo muecas de incredulidad.
- ¿Y todo eso es lo que pone en la nota? – pregunto Pólux.
- Pos claro – respondió Ray.
- Déjame ver – dijo el bárbaro mientras le quitaba la nota de las manos. Con la nota en la mano, Pólux vio que al lado de cada escrito había una especie de símbolo. El bárbaro la leyó mientras movía la boca, musitando lo escrito en voz baja. Al cabo de un rato, le devolvió la nota al ladrón. – Pos si, dice la verdad.
- ¿Pero come es posible que nuestros jefes conozcan todos esos detalles? – comento Gaiwan - ¡No tiene sentido! Es como si ya hubieran estado aquí. Y si hubiese sido así, ¿Por qué no recogieron el objeto ese, en vez de dejarlo aquí?
- La verdad es que si, es un poco raro – respondió Ray mientras se levantaba y se metía en una de las tiendas cercanas. Dentro de ella ojeo una mesa repleta de papeles. En uno de ellos distinguió un símbolo que era igual al que estaba escrito al lado de la nota de la cámara funeraria. El ladrón saco el papel y lo comparo. Era idéntico, no había duda. Sin embargo en el papel de la tienda había algunas indicaciones adicionales. “30m, 70m” era la anotación complementaria al símbolo funerario. Junto a este había dibujado de forma primitiva una tienda y al lado una especie de trueno ¿O quizás una grieta? Cerca de la mesa, varias cuerdas fueron divisadas por Ray, que fueron requisadas “Ipsofacto”
- ¿Solo raro? – comento Pólux mientras se levantaba también – Este tema apesta. Todos nosotros, de diferentes formas, estamos cogidos por los huevos para hacer algo que no queremos, cuando nuestros jefes podrían haberse encargado ellos solos de este asunto ¡¿Por qué?!
- Si os digo la verdad, a mi me importa un rabo – respondió Ray mientras salía de la tienda con varias cuerdas al hombro – Para mi lo fundamental es encontrarlo cuanto antes.
- ¿Crees que lo conseguirás? – pregunto Gaiwan – ¿Te indicaron si el veneno que bebiste mermara tus habilidades y funciones motoras gradualmente o si será de golpe?
- No me dijeron nada. Puesto a esperar, espero que sea lo segundo – respondió Ray con resignación.
- Debería preocuparte que los jefes no nos digan todo lo que saben. Podría ser una trampa – comento el bárbaro.
- Ahora eso ya no tiene remedio – respondió Ray – Bueno ¿alguna pregunta mas?
Tras la pregunta enunciada por Ray, Pólux y Gaiwan se miraron entre si. El ambiente del grupo seguía siendo de desconcierto, a pesar de la información (poca mas bien), aportada por Ray. El mago hizo gesto de encogerse de hombros, mientras que el bárbaro esnifo los mocos que tenia de la nariz, para bajarlos a través de la garganta y convertirlos en un esputo que fue dirigido a la hoguera. Ray entendió que ya no había nada más que discutir.
- ¿Creéis que necesitamos recoger algo de las tiendas antes de proseguir? – pregunto Ray. El bárbaro y el mago lo pensaron un instante no demasiado largo y negaron con la cabeza – Perfecto.
Ray se coloco bien la bandolera y empezó a caminar alejándose de la hoguera y de las tiendas. Pólux y Gaiwan hicieron lo mismo con sus respectivas pertenencias y le siguieron. Recorrieron la caverna un rato, más bien corto, lo suficiente corto para que en vez de ser un rato, fuera mas bien un “ratito.”
- Ray ¿A dónde vas? ¿No deberíamos rebuscar entre las pertenencias de los soldados para encontrar la forma de llegar a esa sala de esparcimiento o lo que sea?, ¿O coger aunque sea una antorcha? Esta zona se esta poniendo muy oscura – comento Pólux varios pasos por detrás de Ray.
- A donde vamos se nos hará imposible usar las manos para llevar la antorcha – respondió Ray continuando su caminata pero mas despacio.
- Me parece que no te entendemos – intervino Gaiwan ya mas próximo al ladrón.
- Mirad – fue lo único que respondió Ray mientras se detenía.
Cuando Pólux y Gaiwan llegaron donde estaba Ray, entendieron a que se refería con lo de la antorcha. Bajo sus pies ya no había nada mas. Solo un abismo negro como la noche como la noche mas oscura. El aire que subía por el abismo en su dirección les helaba los huesos. Ray dejo las cuerdas en el suelo y las fue atando a diversos salientes.
- ¿Cómo sabes que este es el camino? – pregunto el mago mientras tragaba saliva – ¿Como sabes que las cuerdas son lo suficiente largas?
- Lo se, simplemente lo se – respondió misteriosamente Ray – digamos que es una corazonada.
- Por lo menos volvamos atrás para coger varias antorchas, aunque estén apagadas – comento el mago – ya tendremos tiempo de encenderlas después, cuando lleguemos a tierra firme ¿no te parece?
Ray asintió. Gaiwan dio la vuelta sobre sus pasos y volvió corriendo al campamento en busca de las antorchas. Ray y Pólux se quedaron a solas cerca del abismo esperando al mago. El bárbaro, después de tirar otro esputo al abismo, le dijo al ladrón.
- ¿Te había dicho antes que todo esto apesta?
Cuando Pólux y Gaiwan llegaron donde estaba Ray, entendieron a que se refería con lo de la antorcha. Bajo sus pies ya no había nada mas. Solo un abismo negro como la noche como la noche mas oscura. El aire que subía por el abismo en su dirección les helaba los huesos. Ray dejo las cuerdas en el suelo y las fue atando a diversos salientes.
- ¿Cómo sabes que este es el camino? – pregunto el mago mientras tragaba saliva – ¿Como sabes que las cuerdas son lo suficiente largas?
- Lo se, simplemente lo se – respondió misteriosamente Ray – digamos que es una corazonada.
- Por lo menos volvamos atrás para coger varias antorchas, aunque estén apagadas – comento el mago – ya tendremos tiempo de encenderlas después, cuando lleguemos a tierra firme ¿no te parece?
Ray asintió. Gaiwan dio la vuelta sobre sus pasos y volvió corriendo al campamento en busca de las antorchas. Ray y Pólux se quedaron a solas cerca del abismo esperando al mago. El bárbaro, después de tirar otro esputo al abismo, le dijo al ladrón.
- ¿Te había dicho antes que todo esto apesta?

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