jueves, 26 de febrero de 2009

V. .... Libertad Religiosa....

Las tres cuerdas que ató Ray a los salientes superiores estaban fuertemente amarradas, pero eso no les libro de llevarse algún que otro susto. La primera en ser atada, se llevo a cabo con la meticulosidad habitual en el ladrón, teniendo en mente conseguir un trabajo bien hecho, como el profesional que era. Medito detenidamente a que saliente debía ser atada la cuerda, sopesando la antigüedad de la roca, su humedad, el desgaste sufrido por el entorno… no le gustaba la idea de verse caer al abismo negro, por culpa de que la roca se resquebrajara y abrirse la cabeza contra el… ¿suelo?

La segunda cuerda fue atada a otro saliente, siguiendo el mismo procedimiento que la anterior. Nada nuevo bajo el sol. Que fuese otro el que se fuese a jugar el cuello, no impedía que el se comportara de manera profesional. Por esta cuerda descendió Pólux.

Pero la última cuerda… ya fue otra historia. Cuando Ray pensó todo lo acontecido mas tarde, no supo concretar a que pudo deberse el desliz. ¿Un exceso de confianza al no poner mas atención en los procedimientos?, ¿Un despistes quizás, por minio que fuera? “Todos el mundo es humano” pensó para si el ladrón. Auque también estaba la otra posibilidad. Cuando Ray se disponía a preparar la tercera cuerda, estallo una fuerte discusión entre Gaiwan y Pólux. El tema, Ray, no lo recordaba. “Algo de que Gaiwan se había pensado mejor lo del descenso y que seria mejor para él tomar otro atajo, que nos esperaría abajo. Vamos, el típico acojone pre-descenso” pensó Ray mas tarde. El caso es que Ray, intervino en la discusión para calmar los ánimos del mago y el bárbaro, pero sin saber muy bien como, acabo discutiendo con los dos a la vez. Al cabo de media hora, bajaron por las cuerdas.

Pólux y Ray bajaron de forma ágil y rápida, sin problema alguno. Dando pequeños brincos al mismo tiempo que soltaban poco a poco la cuerda con las manos, descendieron de forma muy deprisa. Gaiwan ya era otra historia. Con pasos cortos y temblorosos fue el descenso del mago, llegando a resbalar sus pies en algunos salientes, con un peligro de muerte más que asegurado. Ray disponía de unos guantes especiales para estas tareas, que fueron prestados a Gaiwan para evitar que el mago sufriera rozaduras en las manos.

El descenso por la pared fue más corto de lo que pensaba Ray. En apenas veinte minutos, el bárbaro y el ladrón descendieron setenta metros, y llegaron a un pequeño saliente que comunicaba con una caverna iluminada por varias antorchas pegadas a la pared. Sin embargo el sufrimiento del mago fue algo más duradero, ya que todavía le faltaban cincuenta metros por descender. Ray y Pólux esperaban a Gaiwan asomados al saliente mientras le hacían señas con las manos para que se diese prisa. Pero justo en ese momento, la roca a la que estaba atada la cuerda por la que el mago descendía, que no había sido inspeccionada de manera “profesional” por Ray, se resquebrajo por la parte que quedaba flotando en el vacío. “Joder, si que se esta dando caña al bajar” pensó Pólux mientras veía caer al mago a velocidad creciente. Ray tras escuchar el comentario de Polux, se acerco al borde, alzo la vista, y de esta forma pudo ver a que se refería el bárbaro.

- ¡Pólux!, ¡El saliente de roca se ha partido y viene hacia nosotros! – grito el ladrón mientras señalaba hacia el pedrusco volador.

Lo sucedido en ese instante sucedió muy rápido, pero haremos un pequeño esfuerzo y lo describiremos detenidamente. El mago, la cuerda y el saliente de roca caían a gran velocidad y en ese momento cada uno de los miembros de la compañía, tuvo varios pensamientos inspiradores. Gaiwan pensó “¡Mierda, Mierda, Mierda!, ¡Voy a morir, sin haberme graduado y lo que es peor, sin haber mojado!”. Por su parte Ray “Seguro que se nos muere el mago, para poco tiempo después necesitar de sus habilidades. Es lo típico, joder. Si se veía venir.” Y por ultimo estaba Pólux, que no pensó nada. Actuó.

- ¡¡GAIWAN, AGARRATE CON TODAS TUS FUERZAS A LA CUERDA!! – grito a pleno pulmón Pólux. Este saco su espada y se la paso a Ray – En cuanto logre coger la cuerda, corta el extremo que deje libre.

El mago y el ladrón sin apenas ocasión para pensar, hicieron lo que les ordenaron. El mago se agarro a la cuerda. Este y la cuerda cayeron a gran velocidad y pasaron junto a Pólux, que dejo que el mago cayera a su lado unos instantes, para acto seguido agarrar la cuerda con sus manos. La cuerda se deslizo por las manos del bárbaro, quemándole las palmas, pero freno en seco la caída. A todo esto el pedrusco descendía a gran velocidad sobre ellos, haciendo que la cuerda que estaba atada al otro extremo, se fuera amontonando sobre el saliente en que estaban Pólux y Ray. Este último lanzo un espadazo rápido sobre la cuerda para cortarla, y sin esperar un instante, Pólux tiro con rapidez para subir al mago que esperaba colgado en el abismo. Gaiwan que era subido a gran rapidez por Pólux, alzo la vista y vio el pedrusco cada vez más grande, que apenas le faltaba cinco metros para que los aplastase.


“No lo conseguiremos” pensó el mago. “Puto gordo, me esta jodiendo al espalda” pensó agriamente el bárbaro, que para su alivio, atisbo la cara del mago por el borde del saliente y le tendió rápidamente la mano. El mago la agarro apresuradamente, para notar como era alzado por el borde del saliente y arrastrado al interior de la cueva. Un instante antes de que Gaiwan entrara en la cueva arrastrado por Pólux y con la ayuda de Ray, vio como el pedrusco estuvo a menos de cincuenta centímetros de arrancarle lo que él usaba para llevar gorro. El pedrusco impacto contra el saliente, y con un fuerte estruendo fue arrancado de la pared de piedra, que cayo a la oscuridad acompañando al pedrusco homicida.

Pólux y Ray, que estaban tirados en el suelo se arrastraron al borde y miraron el abismo. Gaiwan permanecía con una postura bastante incomoda, en el suelo de la caverna.

- Ahora que estamos más tranquilos Ray, te quería preguntar una cosa – dijo Pólux.

-Dime.

- ¿Fue cosa de intuición saber que había que bajar por aquí?, ¿Cómo era posible que supieras que aquí había una caverna?

- No, no fue cosa de intuición. Lo vi en un manuscrito, en la tienda del regimiento – respondió el ladrón.

- Aja, te entiendo – comento el bárbaro mientras se levantaba y se acercaba al mago - ¿Estas bien?

El mago fue ayudado a levantarse por sus compañeros, y este se paso la mano por la túnica para quitarse el polvo.

- Sobreviviré, pero no volveré a bajar por ninguna cuerda más – respondió el mago un poco nervioso.

- ¿Como es posible que no usaras ningún hechizo en ese momento, cuando mas lo necesitabas? - pregunto Ray

- Estaba demasiado acojonado, para que me viniera algún hechizo a la cabeza – respondió el mago. El bárbaro y el ladrón se miraron y se encogieron de hombros. Sin decir nada más, se internaron en las profundidades de la caverna.

Las antorchas que fueron recogidas en el campamento, no fueron necesarias en las caverna, ya que esta estaba bien iluminada por diversas antorchas que estaba sujetas a la pared de la caverna hasta el final de esta, que quedaba muy lejos para ser alcanzado por parte de Ray, Pólux y Gaiwan.

- Menuda suerte – dijo Pólux – Un poco más y no lo cuentas Gaiwan. Esta claro que Croom nos protege en esta empresa.

- ¿Croom dices? – pregunto Gaiwan levantando una ceja – ¿Pero es que todavía hay gente que crea en ese farsante?

- ¡Croom no es ningún farsante! – respondió el bárbaro airado - ¿No sabes que con solo desearlo, Croom nos podría meter un trueno por el culo a cada uno?

- Claro, lo que tu digas – murmuro el mago.

Hubo un momento de silencio mientras proseguían la marcha hacia el interior de la caverna, pero Pólux volvió de nuevo a la carga.

- Si no crees en Croom, entonces ¿Cuál es tu dios?

- ¿Mi Dios? Fácil. Coronis, dios del conocimiento y protector de los estudiantes – respondió el mago con un brillo en los ojos.

- ¿¡Coronis!? ¡¡Bagh!! – dijo Pólux negando con la cabeza – Es un dios menor, típico de empollones.

- ¡Por lo menos no es un idiota como el tuyo, que solamente usa la cabeza como un ariete para abrir puertas! – respondió Gaiwan indignado.

- ¡Yo le mato! – grito Pólux. El bárbaro se paro en seco y empezó a desenvainar la espada al mismo tiempo que el mago alzaba las manos y las colocaba en posición defensiva, preparado para lanzar un hechizo.

- ¡¡Basta, basta!! – intervino Ray, poniéndose en medio de los dos y extendiendo los brazos para separarlos – Me importa una mierda vuestras creencias, dioses y demás paridas. Nuestro objetivo es encontrar esa reliquia y debemos trabajar juntos. Cuando muráis, que yo os deseo que sea dentro de mucho tiempo, ya tendréis tiempo de saber quien tiene razón. ¿Entendido?

La escena no podía ser más típica. Pólux y Gaiwan, como dos críos que se habían peleado en clase, con la vista fija en el suelo, y Ray como la “profe” borde, separándolos como los dos niños malos que eran.

- Andando – fue lo único que dijo el ladrón.

Al cabo de un rato largo de caminata, el grupo percibió algo en el extremo mas alejado de la caverna por la que transitaban. Una especie de pared lisa, con un hueco en la parte inferior, por el que se apreciaba una especie de luz azulada. Pero la paz que reinaba, volvió a ser quebrantada.

- ¿Y tú en que crees? – pregunto Pólux. La respuesta no llego en seguida, si no, que fue precedida por el suspiro del ladrón. Pero acabo llegando.

- Yo no creo – respondió llanamente el ladrón. El mago y el bárbaro se pararon en secos y se miraron entre ellos. Al cabo de unos pasos, Ray, al ver que no le seguían, se paro también y giro sobre si mismo.

- ¿No tienes dios? – pregunto incrédulo Gaiwan – ¿Te estas quedando con nosotros?

- No, no tengo – se limito a contestar.

- ¿Y se puede saber cual es el motivo? – pregunto el bárbaro con los brazos cruzados. El ladrón les miro durante un instante y al final dio un suspiro.

- Está bien – dijo Ray volviendo a ponerse en marcha mientras los otros le seguían – Pólux, tu crees en Croom, dios de la guerra, por costumbre, por tradición, por la familia, o por lo que sea. Pero un día cualquiera, te encuentras con alguien que te dice que eso es una patraña y te dice que el verdadero dios es, por ejemplo, Coronis, el dios de Gaiwan.

- ¡Pero eso es absurdo!, ¡Todo el mundo sabe que solo puede haber un dios! – respondió enojado Pólux.

- Cierto – dijo Ray – Y de la misma manera, que tu tienes esa opinión sobre Coronis, Gaiwan la tiene sobre Croom. Solo puede haber un único dios.

- En ese punto, estoy de acuerdo contigo – intervino Gaiwan – solo puede haber un único dios. Sin embargo creo, que cuando una persona muere solamente podrá ir a la otra vida de sus propias creencias. Quiero decir. Si yo creo en Coronis, iré al paraíso o al averno de mi credo, mientras que Pólux ira al de su credo.

El bárbaro miro al mago con el ceño fruncido, haciendo enormes esfuerzos para seguir el hilo de la conversación, captando una ligera luz de comprensión al final del túnel de la ignorancia.

- Aparentemente, esa es la postura más lógica – respondió Ray a Gaiwan – al mismo tiempo que la más cómoda. Es como un gran buffet libre de creencias místicas, que en un sistema politeísta funciona a las mil maravillas, pero en una religión monoteísta, se desmorona por si solo. Tu razonamiento, no tiene en cuenta que para un dios, pertenecer a otro credo, ya es suficiente para pasar toda la eternidad en el infierno. Desde ese punto de vista, Croom te pondrá el ojete como un colador y Coronis el ojete de Pólux. A esto hay que añadir, que hay tropecietosmil credos diferentes, y que cada dios, te reservaría un trozo de la eternidad para freírte a fuego lento en su infierno particular. ¡Imagínate que follon para que los dioses se pongan de acuerdo en ese aspecto!

Este razonamiento, dejo sin habla al bárbaro y al mago durante un rato. La marcha continuo un rato, hasta que divisaron perfectamente la pared lisa que daba por concluida la caverna. En ella apreciaron como el hueco de la parte inferior, por el que escapaba un halo azulado, estaba tapiado con maderas.

- ¿Entonces que? – dijo Pólux.

- ¿Qué de que? – fue lo único que respondió Ray.

- Sobre el tema ese de los dioses y todo eso – aporto Gaiwan.

- Bueno, yo creo en dos posibles teorías. La primera y mas sencilla es que no hay ningún dios – respondió Ray.

- ¿Y como explicas a las bestias que pueblan nuestro mundo?, ¿Grifos, Trols, Gárgolas, Orcos, Golems? ¿Y la lluvia, tifones y tornados?– pregunto Pólux.

- En cuanto a lo primero, creo que son criaturas procedentes de la naturaleza nada más. Simples desviaciones del curso normal de la madre tierra, como mutaciones. Y en cuanto a lo segundo, son solamente efectos climatológicos – respondió no muy convencido el ladrón.

- ¿Y Tu otra teoría? – pregunto Gaiwan.

- Mi otra teoría, es que solo existe un único dios posible, pero no como nosotros creemos – respondió tranquilamente Ray. Este, al pensar que su razonamiento no era suficientemente claro, continuo – Todas las religiones se basan, en las peripecias de un dios y algún pobre desdichado, que se cree un Mesías, mientras son documentadas por grupo de fanáticos ¿Cierto? Pues lo que quiero decir, es que la percepción que tienen los cronistas y el propio Mesías, para explicar los mensajes de es dios, son puramente subjetivos, no hay nada que sea comprobable, y por tanto es falible. El Mesías original del credo de Pólux, podría tener experiencias místicas con su Dios e interpretarlo de una forma. Y el otro Mesías, el de Gaiwan, podría hacer lo mismo con el dios de Polux, teniendo experiencias totalmente diferentes y pensar que son dioses completamente opuestos. Seria el mismo dios para los dos, y las interpretaciones de la gente seria totalmente diferentes, por que la percepción de la realidad es puramente subjetiva ¿Me pilláis o no?

Cuando Ray termino la exposición, el grupo ya había llegado al hueco tapiado, que era del tamaño de una persona adulta y por el que se escapaba una luz azulada. El ladrón se giro y miro a Gaiwan y Pólux. Después estos dos lo hicieron entre ellos. La cara del mago reflejaba, una ligera comprensión, mientras que la del bárbaro, permanecía ceñuda.

- Mierda – fue lo único que dijo el mago

- ¡Da igual lo que digas! – dijo cabezota el bárbaro - ¡Croom seguirá siendo el puto amo!

- En fin – musito el ladrón – Pólux ¿Me prestas un momento tu espada?

El bárbaro desenvaino y se la tendió. Sin dar tiempo a que le preguntaran que iba a hacer, Ray uso la espada como palanca, para sacar los tablones que tapiaban el hueco, dejándolo completamente libre al cabo de un cuarto de hora. Ray se la devolvió a Pólux, asomo la cabeza por el hueco y se giro de nuevo al grupo.

- Parece que hemos encontrado la cámara funeraria – comento con una sonrisa en los labios el ladrón.

- La cosa se pone interesante – dijo Pólux mientras pasaba por el hueco.

En ese momento Gaiwan miro a Ray y le pregunto

- ¿Y de nuestros jefes que opinas? ¿Qué crees que son? ¿Dioses?

El ladrón tardo un momento en contestar.

- Espero que no.

jueves, 19 de febrero de 2009

IV. .... El Objetivo....

Ray, Polux y Gaiwan comían los alimentos sentados alrededor la hoguera, cada uno en un extremo. Junto a ellos en el suelo, reposaban la espada de Pólux, la bolsa de herramientas de Ray y una vieja bandolera perteneciente a Gaiwan, en la que descansaba un viejo grimorio mágico y varias cosas que eran mejor no saber.

Cada uno comía a su estilo. Gaiwan, con bocados pequeños y minuciosos. Ray, daba pocos mordiscos y masticaba la comida con rapidez. Y Pólux, sin dar la menor importancia a las formas, no se podía decir que comiera, si no que engullía. Era como un agujero negro, que no deja escapar la luz del sol, pero en este caso era la comida la que no escapaba de él. Gracias a esta técnica, Pólux fue el primero en terminar de comer. Al cuarto de hora, Ray y Gaiwan terminaron sus respectivas partes. Pólux los esperaba tumbado sobre el suelo de la caverna, con los brazos detrás de la cabeza, mirando las estrellas que se asomaban por la grieta en lo alto de la caverna. El eructo que expulso Polux, dio pie a la tanda de preguntas:

- ¿Nos cuentas de que va todo esto? – pregunto el bárbaro a ladrón.

- Claro – respondió Ray mientras se quitaba un trozo de comida de la boca – Disparad.

- ¿Quiénes son nuestros jefes? – pregunto el bárbaro.

- ¿La verdad? No lo se. Nunca los había visto hasta ahora – respondió Ray.

-¿Y como te pusiste en contacto con ellos y aceptaste la misión? – pregunto el mago.

- Estaba en un taberna, me puse borracho, hable mas de la cuenta y me vi obligado a aceptar la misión – respondió Ray mientras se tumbaba también en el suelo.

-¿Obligado? – pregunto Polux mientras bostezaba - ¿de que manera podrían obligarte?

-Me invitaron a una copa, en la que había diluido un veneno muy raro. A partir del momento que me tomara la copa, tendría un plazo de quince días para llevar a cabo la misión – respondió el ladrón. – No es preocupéis, todavía me quedan once días para que la podamos llevar a cabo.

- ¿Lograste verlos? A nuestros jefes me refiero – pregunto Gaiwan.

- No, estaban ocultos entre las sombras…. Además, iba muy pedo y no recuerdo muy bien la situación – contesto Ray mientras se hurgaba el dedo en la nariz en busca de petróleo - ¿Vosotros tampoco los visteis?

- No – negó con la cabeza el mago.

- No, también estaban entre tinieblas – corroboro el bárbaro.

- ¿Y Cuales son vuestras historias? – pregunto Ray mientras buscaba un destino a su “tesoro” encontrado en las profundidades nasales.

- Acepte esta misión para salvar a mi tribu. El imperio Oritio, en su afán expansionista ataco nuestras tierras y acabo conquistándolas – contesto el bárbaro mientras se levantaba y se dirigía a “cambiar el agua al canario” – Hicimos un trato con ellos y nos dijeron que nos devolverían la tierra si me metía en este lío.

- ¿Y tu Gaiwan? – inquirió Ray mientras se incorporaba.

- Yo… eh… bueno la historia no tiene mucho misterio. Estando en la universidad, revente los sistemas de seguridad mágicos y me hicieron elegir esto o la expulsión – respondió el mago encogiéndose de hombros – os podéis imaginar cual fue mi elección.

- ¿Todavía vas a la universidad? – pregunto Polux incrédulo mientras se guardaba el “cacharro” en los pantalones y se volvía a sentar en el suelo – ¿Pero no te da vergüenza, repetir tantas veces, maldito gañan?

- Pero si tendrías que estar ya jubilado – comento Ray entre risas.

- Que gracioso. Muy gracioso. Me troncho y me parto. Dejando de lado este “festival del humor”, tengo que deciros que los estudios mágicos se prolongan durante mucho tiempo. No es cosa de tres, cinco o diez años – contesto Gaiwan mientras se quitaba el gorro y se rascaba la coronilla. – Los estudios se pueden prolongar durante varias décadas, e incluso siglos. Pero gracias a estos conocimientos podemos, no detener, pero si ralentizar los efectos del tiempo sobre nuestros cuerpos.

- Ya veo – comento el bárbaro - ¿Y eres buen estudiante?

- No me va mal – respondió modestamente el mago.

El silenció que llegó a continuación solo fue interrumpido por el crepitar de los tocones de madera que yacían en la hoguera. Los tres miraban el fuego distraídos, como si fuera un péndulo a punto de hipnotizarlos.

- Ahora en serio – dijo por fin Polux - ¿Qué estamos buscando?

Ray miro primero a Polux y después a Gaiwan. Tras un instante, metió la mano en uno de los bolsillos de su chaqueta de cuero y saco un folio que fue desplegado en el suelo. Polux y Gaiwan, bordearon la hoguera y se aproximaron a Ray para ojear que el papel. Era un dibujo. El bárbaro y el mago supusieron que eso era lo que había que encontrar, para acto seguido requisar (o lo que es lo mismo, robar) y por ultimo entregar a sus jefes. “O los jefes no saben dibujar muy bien o el objeto en cuestión no es muy agraciado, que digamos” pensó Polux. “Parece una especie de caja” fue lo que pensó a la vez Gaiwan. El objeto era un cubo, que estaba dibujado seis veces sobre el papel. Lo único que diferenciaba a una cara de otra eran diferentes muescas en cada cara.

- ¿Te dijeron de que esta hecho… eso? – pregunto Polux con el ceño fruncido.

-¿Perdón? – respondió Ray distraído.

- ¿Acero?, ¿Oro?, ¿Plata?, ¿Marfil? – aclaro Polux.

- No, la verdad es que no. No me comentaron nada – respondió ensimismado.

- Quizá tenga propiedades mágicas, puede ser un catalizador de energía o incluso un poderoso amuleto – aporto Gaiwan a la conversación.

- ¿Un amuleto? – pregunto el bárbaro incrédulo – No tiene pinta de tener mucho valor.

- Eso nos da igual. Nuestra tarea es encontrarlo – sentenció Ray.

- Si, tienes razón – asintió el bárbaro.

- ¿Te dijeron cuales son sus dimensiones? – pregunto Gaiwan mientras levantaba la vista del papel.

- No. Tampoco me lo dijeron.

Mientras Gaiwan se masajeaba la sien, Pólux removió las brasas de la hoguera con una rama cercana, para que evitar que se apagara el fuego (cosa completamente inútil por que el fuego todavía estaba muy vivo).

- Dejando de lado el objeto en cuestión. ¿Qué debemos hacer ahora? ¿Cuál es nuestro siguiente movimiento? – dijo el mago mientras se levantaba y arqueaba la espalda para desperezarse.

- Nuestros jefes, durante mi encuentro me dieron unas indicaciones, una especie de guía, para llegar a nuestro objetivo. Aparentemente no nos queda mucho recorrido – respondió Ray mientras recogía el papel y le daba la vuelta – Todo lo que nos encontraremos por el camino esta aquí apuntado – continuo Ray mientras movía el papel en el aire.

- Es que me lo cuentan y no me lo creo – dijo Pólux - ¿Me estas diciendo que llevas apuntado todo lo que debemos hacer en un papel mugriento como si fuera la lista de la compra?

- Eh… sip… ¿algún problema? – respondió Ray extrañado.

- ¿No te preocupa que te lo puedan quitar en cualquier momento? Como por ejemplo, en algún asalto o algo – pregunto incrédulo Pólux.

- Bueno, hasta ahora nos ha ido bien – intervino Gaiwan – tampoco creo que sea para tanto.

- ¿Qué no es para tanto? – pregunto Pólux mirando a Gaiwan – En fin, que mas da. Entonces, ¿Qué es lo que pone?

- Bueno. Lo primero que debemos hacer – empezó el ladrón mientras sacaba unos anteojos de uno de sus bolsillos y se lo ponía sobre el puente de la nariz, – es encontrar la gran sala de esparcimiento, una cámara funeraria o algo por el estilo. Después deberemos llegar a una antigua fundición abandonada, perteneciente a la antigua civilización en la que nos encontramos, supongo. Acto seguido cruzaremos los cuarteles y los laboratorios abandonados Por ultimo recorreremos la sala del tesoro, donde presumiblemente encontraremos lo que buscamos.

El mago y el bárbaro miraron al ladrón asombrados mientras este se guardaba los anteojos. Después, el mago y el bárbaro se miraron entre ellos haciendo muecas de incredulidad.

- ¿Y todo eso es lo que pone en la nota? – pregunto Pólux.

- Pos claro – respondió Ray.

- Déjame ver – dijo el bárbaro mientras le quitaba la nota de las manos. Con la nota en la mano, Pólux vio que al lado de cada escrito había una especie de símbolo. El bárbaro la leyó mientras movía la boca, musitando lo escrito en voz baja. Al cabo de un rato, le devolvió la nota al ladrón. – Pos si, dice la verdad.

- ¿Pero come es posible que nuestros jefes conozcan todos esos detalles? – comento Gaiwan - ¡No tiene sentido! Es como si ya hubieran estado aquí. Y si hubiese sido así, ¿Por qué no recogieron el objeto ese, en vez de dejarlo aquí?

- La verdad es que si, es un poco raro – respondió Ray mientras se levantaba y se metía en una de las tiendas cercanas. Dentro de ella ojeo una mesa repleta de papeles. En uno de ellos distinguió un símbolo que era igual al que estaba escrito al lado de la nota de la cámara funeraria. El ladrón saco el papel y lo comparo. Era idéntico, no había duda. Sin embargo en el papel de la tienda había algunas indicaciones adicionales. “30m, 70m” era la anotación complementaria al símbolo funerario. Junto a este había dibujado de forma primitiva una tienda y al lado una especie de trueno ¿O quizás una grieta? Cerca de la mesa, varias cuerdas fueron divisadas por Ray, que fueron requisadas “Ipsofacto”

- ¿Solo raro? – comento Pólux mientras se levantaba también – Este tema apesta. Todos nosotros, de diferentes formas, estamos cogidos por los huevos para hacer algo que no queremos, cuando nuestros jefes podrían haberse encargado ellos solos de este asunto ¡¿Por qué?!

- Si os digo la verdad, a mi me importa un rabo – respondió Ray mientras salía de la tienda con varias cuerdas al hombro – Para mi lo fundamental es encontrarlo cuanto antes.

- ¿Crees que lo conseguirás? – pregunto Gaiwan – ¿Te indicaron si el veneno que bebiste mermara tus habilidades y funciones motoras gradualmente o si será de golpe?

- No me dijeron nada. Puesto a esperar, espero que sea lo segundo – respondió Ray con resignación.

- Debería preocuparte que los jefes no nos digan todo lo que saben. Podría ser una trampa – comento el bárbaro.

- Ahora eso ya no tiene remedio – respondió Ray – Bueno ¿alguna pregunta mas?

Tras la pregunta enunciada por Ray, Pólux y Gaiwan se miraron entre si. El ambiente del grupo seguía siendo de desconcierto, a pesar de la información (poca mas bien), aportada por Ray. El mago hizo gesto de encogerse de hombros, mientras que el bárbaro esnifo los mocos que tenia de la nariz, para bajarlos a través de la garganta y convertirlos en un esputo que fue dirigido a la hoguera. Ray entendió que ya no había nada más que discutir.

- ¿Creéis que necesitamos recoger algo de las tiendas antes de proseguir? – pregunto Ray. El bárbaro y el mago lo pensaron un instante no demasiado largo y negaron con la cabeza – Perfecto.

Ray se coloco bien la bandolera y empezó a caminar alejándose de la hoguera y de las tiendas. Pólux y Gaiwan hicieron lo mismo con sus respectivas pertenencias y le siguieron. Recorrieron la caverna un rato, más bien corto, lo suficiente corto para que en vez de ser un rato, fuera mas bien un “ratito.”

- Ray ¿A dónde vas? ¿No deberíamos rebuscar entre las pertenencias de los soldados para encontrar la forma de llegar a esa sala de esparcimiento o lo que sea?, ¿O coger aunque sea una antorcha? Esta zona se esta poniendo muy oscura – comento Pólux varios pasos por detrás de Ray.

- A donde vamos se nos hará imposible usar las manos para llevar la antorcha – respondió Ray continuando su caminata pero mas despacio.

- Me parece que no te entendemos – intervino Gaiwan ya mas próximo al ladrón.

- Mirad – fue lo único que respondió Ray mientras se detenía.

Cuando Pólux y Gaiwan llegaron donde estaba Ray, entendieron a que se refería con lo de la antorcha. Bajo sus pies ya no había nada mas. Solo un abismo negro como la noche como la noche mas oscura. El aire que subía por el abismo en su dirección les helaba los huesos. Ray dejo las cuerdas en el suelo y las fue atando a diversos salientes.

- ¿Cómo sabes que este es el camino? – pregunto el mago mientras tragaba saliva – ¿Como sabes que las cuerdas son lo suficiente largas?

- Lo se, simplemente lo se – respondió misteriosamente Ray – digamos que es una corazonada.

- Por lo menos volvamos atrás para coger varias antorchas, aunque estén apagadas – comento el mago – ya tendremos tiempo de encenderlas después, cuando lleguemos a tierra firme ¿no te parece?

Ray asintió. Gaiwan dio la vuelta sobre sus pasos y volvió corriendo al campamento en busca de las antorchas. Ray y Pólux se quedaron a solas cerca del abismo esperando al mago. El bárbaro, después de tirar otro esputo al abismo, le dijo al ladrón.

- ¿Te había dicho antes que todo esto apesta?

sábado, 14 de febrero de 2009

III. .... Mano a mano con papa....

- ¡Auch! – gimió el Gaiwan - ¡Me has pisado el faldón de la túnica!, ¡Ten mas cuidado bruto!

- Perdón tío, es que en la oscuridad no calculo bien las distancias – se disculpo el bárbaro.

- ¡Psshhh, callaos! – inquirió Ray – No sabemos que bestias puede haber a lo largo de este pasillo y vosotros peleándoos como chiquillos.

- Perdón – se disculparon a la vez el bárbaro y el mago.

Hacia solamente cinco minutos que la compañía se había internado en el pasadizo que había tras la pared de las runas. Sin embargo su percepción temporal, completamente atrofiada al no tener ninguna referencia visual entre tanta oscuridad, les hacia creer que llevaban mas de una hora recorriendo el pasadizo. La compañía, andaba en fila de a uno. El ladrón el primero, con la antorcha en la mano, para divisar posibles trampas y así poder sortearlas. Tras él, el mago que le servia de apoyo ante posibles trampas mágicas. Y por ultimo el bárbaro, con la espada desenfundada y de esta forma poder cubrir la retaguardia. Por suerte, para la cordura de la compañía (y la nuestra), la situación tomo un nuevo rumbo.

- ¡Ray! – dijo por lo bajo el bárbaro - ¿Qué es eso que hay al final del pasillo?

- Parece una luz, ¿puede que sea la aurora boreal? – pregunto el mago.

- ¿La aurora boreal?, ¿En un pasadizo? – dijo Ray incrédulo - ¡No digas chorradas! Es el final del pasadizo, posiblemente una puerta.

- Cierto… jeje… a tenido gracia, ¿eh?... la aurora boreal… era una broma… ya sabéis, ironía, sarcasmo, ese tipo de cosas – se disculpo el mago, que no le libro de recibir una colleja del bárbaro.

A medida que la compañía se aproximaba, la luz se hacia mas intensa y de esta forma podrían ver con mayor claridad el final del pasadizo. El ladrón estaba en lo cierto (o por lo menos parcialmente). En vez de ser una puerta lo que les esperaba al final, era un arco que sin haberlo cruzado todavía, suponían que les llevarían a otra gran sala (siempre se espera que sea una gran sala).
Tras cruzar el arco, la compañía vio que se encontraban en una especie de risco que daba a una amplia caverna. La luz que vislumbraron por el pasadizo que dejaron atrás, provenía de una grieta en el techo de la caverna. La compañía supuso pertenecía a la luz del día (aunque no lo tenían muy claro). Pero unos ruidos provenientes de la zona baja del risco, llamaron su atención.

- ¿Oís algo? – pregunto Ray con la antorcha todavía en la mano.

- Parece que proviene de abajo – dijo el mago.

El bárbaro se acerco al borde del risco y hecho un vistazo. Diviso varias figuras alrededor de una hoguera. El bárbaro hizo una señal a sus compañeros para que se agacharan, a la que estos hicieron caso. La compañía se arrastro hasta llegar al borde del risco y analizaron la situación. Vislumbraron cuatro figuras. Portaban cotas de mallas ligeras, formadas a partir de retales de
otras muchas. Sus espadas estaban melladas y parecían muy viejas, aunque los destellos que emitían daban a entender que todavía estaban afiladas.

- Da la sensación de que pertenecen a una especie de regimiento – comento el bárbaro.

- Es posible que sean de alguna avanzadilla, quizá un grupo de exploradores – dijo el mago.

- ¿Quizá estén montando guardia en esta zona? – pregunto el bárbaro.

- ¿Estáis tontos o que? – interrumpió el ladón – No tiene sentido, de ninguna de las maneras. Se supone que nadie sabe el paradero de este sitio, todo esto es…. como una antigua civilización perdida. Nos encomendaron una misión…

- … que todavía nos tienes que revelar – interrumpió el bárbaro.

- … como iba diciendo – continuo el ladrón sin hacer caso al bárbaro – Una misión que nadie sabe que estamos llevando acabo. Es imposible que nos hayan seguido o que nos estén esperando.

- En lo referente a lo que ha dicho nuestro amigo greñudo – comento el mago refiriéndose al bárbaro – ¿Cuándo nos vas a contar lo que estamos buscando?

- Eso – enfatizo el bárbaro - ¿Cuándo?

El ladrón les miro a los dos y suspiro, mientras se quitaba una legaña.

- En cuanto solucionemos el problema de ahí abajo, os contare todo. ¿Algún plan?

- Mmm… no se… ¿Son humanos? – pregunto el mago, mientras volvía a mirar al regimiento. – Lo digo por que tiene un color ligeramente verdoso, como si fueran orcos. Quizás Goblins.

- Demasiado altos pare ser Goblins – le corto el bárbaro. Mientras se levantaba, se espolso el polvo, desenvainó la espada y le quitó la antorcha de la mano a Ray.

- ¿Entonces que? – pregunto el ladrón.

- Entonces nada. Dará igual cual sea su especie. Lo único que os importara es que dentro de poco, serán fiambres y de esta manera dejaremos de darle a la “singueso” – respondió el bárbaro con actitud chulesca.

- ¿Vas a ir a pecho descubierto?, ¿así por las buenas? – pregunto el mago incrédulo – ¡Es un suicidio!

- Bueno, tenemos de nuestra parte el factor sorpresa, ¿No crees? – contesto el bárbaro burlonamente.

Acto seguido, y sin dejar tiempo a que los otros le replicaran, el bárbaro lanzó la antorcha hacia el grupo de guerreros que había debajo del risco. Sin apenas haber comprobado, si los guerreros desviaban la atención a la antorcha recién aparecida de la nada, el bárbaro salto del risco con la espada por encima de la cabeza cogida por las dos manos. “Ese truco nunca falla” pensó mentalmente el bárbaro. Y estaba en lo cierto.

Del grupo de guerreros, el que estaba más alejado de la antorcha, noto un cambio en el aire, detrás de su nuca. Cuando giro la cabeza para saber de que se trataba, todo lo que vio fue el rojo más absoluto. Y nada más. El bárbaro había asestado un tajo con su espada en la cabeza del guerrero, partiéndola en dos como un melón. Haciendo fuerza con el pie sobre su cuerpo, saco la espada de la herida. El ruido del cuerpo si vida al caer al suelo, alerto a los tres guerreros que se habían distraído con la antorcha. Con las espadas todavía enfundadas, miraron cautos al bárbaro.

- No os molestéis en desenvainar – sugirió el bárbaro.

Los guerreros dudaron por un instante, pero el bárbaro no les dio más tiempo para pensarlo. Antes de que el guerrero más cercano pudiera desenvainar, fue lanzado al suelo por un empujón del bárbaro, y desde allí vio como este dejaba caer todo el peso de su espada sobre su esternón. Desde lo alto del risco Ray y Gaiwan contemplaban la carnicería.

- No se le da nada mal – comento el mago.

- No, nada mal. Prepárate. Vamos a baja – dijo el ladrón.

- Si, será lo mejor.

Mientras Gaiwan y Ray bajaban por una cuerda que había atado este último a un saliente, el bárbaro se defendía de los estoques que lanzaba uno de los guerreros que había ido a su encuentro. Era veloz y usaba una espada más pequeña y ligera que la del bárbaro, para de esta forma poder atacar y cubrirse con velocidad. Pero todavía estaba algo desorientado por los
acontecimientos y por lo tanto nervioso. “Nervioso como un principiante. Este es presa fácil” pensó el bárbaro. Cuando el guerrero asesto un golpe con la espada, el bárbaro la bloque con la suya saltando chispas por el choque.

Durante unos segundos, los dos forzaron los músculos para conseguir romper el bloque del otro. “Ya me he cansado de este mequetrefe” pensó el bárbaro. Cuando vio que una gota de sudor recorría la frente del guerrero y esta estaba a punto de entrarle en el ojo, el bárbaro aprovecho el momento y le dio un cabezazo. El guerrero noto, dentro del aturdimiento en que se encontraba, como el frontal de su cráneo se había fracturado, pero durante poco tiempo. El bárbaro le lanzó un tajo en horizontal de trescientos sesenta grados a la altura del vientre, que esparció sus tripas en todas direcciones.

El último guerrero que quedaba, miró al bárbaro estupefacto y lo único que se le ocurrió hacer fue levantar la espada sobre la cabeza, ir corriendo a su encuentro y gritar como un condenado. “Así me gusta. Los que lo dan todo son los mejores” sentencio el bárbaro mientras agarraba fuertemente su espada con las dos manos y la lanzaba en dirección del desgraciado. La espada impacto en el pecho del desgraciado, que no solamente lo paro en seco, si no que lo lanzo varios metros para atrás. Con el cuerpo del desgraciado en el suelo, el bárbaro se acerco y recogió la espada.

- Bueno, bueno, no ha estado nada mal. Un buen combate para desentumecer los músculos, era lo que me hacia falta – dijo fanfarronamente el bárbaro - ¿Qué pensáis colegas?

Cuando el bárbaro se giró para mirar al risco, vio que sus compañeros ya no estaban allí. Al bajar la vista, se los encontró cerca de una cuerda, llenos de sangre e intestinos pertenecientes al guerrero del cráneo fracturado.

- ¡¿No tienes suficiente con quemarme el gorro y pisarme el faldón de la túnica, que además me tienes llenar de mierda?! – grito el mago encolerizado.

- La próxima vez – dijo el ladrón mientras se limpiaba las salpicaduras de sangre que tenia en la cara – ten más…


- ¡¡ …. Cuidado, Pólux!! , ¿¡En que diablos estas pensando!?

- Lo siento padre, es que con la emoción – se disculpo el bárbaro mientras asestaba estocadas – tu ya me entiendes…

-¿¡QUE YO YA TE ENTIENDO!? – grito el padre de Pólux mientras cortaba el brazo de algún pobre infeliz - ¡Pero si te has cargado a cuatro soldados de nuestros aliados!, ¡Parece que no te enteras!, ¡El enemigo son los del imperio de los Oritios!, ¡Los Orotios son nuestros aliados, mendrugo!

- Joder, padre, en el fragor de la batalla es difícil no equivocarse – se defendió Pólux mientras esquivaba una estocada y le cortaba la yugular a un soldado – además, menudo nombre que tienen nuestros aliados, manda huevos.

- Tú no conoces el dicho de que los amigos no los eliges tú, si no que son ellos los que te eligen a ti – dijo el padre del bárbaro mientras sacaba su espada de un fiambre y corría hacia el siguiente montículo – Pues los aliados es igual.

- Los dichos populares apestan – dijo el bárbaro mientras era acompañado por un escuadrón de guerreros en pos de su padre.

- Y los aliados también, hijo ¡Ja, ja, ja!

Al cabo de tres horas, la batalla concluyo, o por lo menos parcialmente. Siempre había los típicos cabezotas, que les encantaba ir de machos y no dar su brazo a torcer, sobre todo cuando la batalla estaba pérdida. Pólux y su padre estaban dentro de este grupo. El padre de Pólux, que siempre tuvo madera de líder (sobre todo cuando su tribu la componía un atajo de cabezas huecas), era un nefasto estratega y tenía muy pocas luces para valorar a la gente. Este último defecto se puso de manifiesto en el hecho de no saber elegir bien ni a sus aliados (los soldados masacrados por su hijo), ni a sus enemigos (los soldados que también fueron masacrados, pero en menor medida y que ganaron la batalla). En la tienda del bando ganador, se encontraban Pólux, su padre y varios soldados supervivientes atados a diferentes postes. Alrededor de ellos un círculo de soldados hacía guardia. Una cortina se descorrió y por ella entro el general del ejército vencedor, que se pasaba la mano por la cabeza rapada al tiempo que miraba a los perdedores.

- Mi querido Preto ¿No te dije que no sabes valorar a la gente? – dijo el general al padre de Pólux, mientras se lavaba las manos en una pila – Te dimos la oportunidad de anexionar tu tierra a nuestro imperio y de mantenerte como gobernador de la región, bajo nuestro mando, pero gobernador al fin y al cabo. Y tú, como el imbecil que eres, decides luchar contra nosotros, aliándote con los ineptos de los Orotios.

- No hace falta que hurgues mas en la herida, Promaco. Mátanos y se acabo, así de fácil – respon-dió Preto resignado.

- Te consideraba mas luchador, Preto – Promaco termino de lavarse las manos y se limpio en una toalla que le ofreció un esclavo – No te entristezcas, que todavía puede haber una solución que nos satisfaga a todos. Desatadlos.

El círculo de soldados acometió la orden y desataron a Pólux y a su Padre del poste. El general salio de la tienda y los soldados hicieron señas a los prisioneros para que lo siguieran al exterior. El general, seguido de los prisioneros, atravesó el campamento en completo silencio hasta salir de el. Siguieron la marcha hasta llegar a las ruinas de un antiguo templo. El general dio la orden de custodiar el templo.

- Escuchad atentamente. Pólux, tu padre aunque fue gran guerrero, ahora es muy anciano y difícilmente podrá hacer lo que os voy a proponer. Por este motivo te propongo a ti, hacer un trato – empezó a decir el general.

- ¿Qué tipo de trato? – pregunto Pólux.

- Si nos haces un pequeño favor, le devolveremos el dominio de vuestras tierras a tu padre, Pólux. Así de fácil – respondió el general.

- Seguro que tiene trampa, es lo habitual – contesto Pólux malhumorado.

- Y como es habitual, vosotros aceptareis el trato, aunque tenga trampa – comento el general con media sonrisa en los labios. Pólux miro a su padre y después al general “¿Qué demonios? Bah, hagámoslo. Mejor esto, que estar prisionero.” El general hizo un gesto con la cabeza, señalando a la oscuridad interna del templo.

- Yo me hago cargo, papa – dijo Pólux antes de que su padre pudiera moverse.

- ¿De verdad hijo? – pregunto Preto con una lagrimilla en los ojos.

- Claro hombre – dijo el bárbaro y en ese momento se fundió en un abrazo con su padre, para enseguida separarse como si no hubiera ocurrido nada – ¡Bueno, bueno!, ¡Basta ya padre, sin mariconadas, que somos guerreros!

- Cierto – corroboro Preto - sin mariconadas.

Acto seguido, el bárbaro se interno en las profundidades del templo. Lo primero que noto, es que las baldosas de mármol desaparecían bajo sus pies, provocando que cayese de cabeza al suelo de roca desnuda del templo. Cuando se incorporo, y todavía estando un poco mareado escucho una voz.

- NOS ALEGRA PODER CONOCERLO. EL CIRCULO POR FIN SE CIERRA.



- Claro, tío. No sufras – respondió Pólux al ladrón mientras limpiaba la espada de sangre ajena y la envainaba.

- La próxima vez intentaremos trazar un plan, si no te es mucha molestia – dijo Ray mientras terminaba de recoger la cuerda y se aproximaba al bárbaro acompañado de Gaiwan.

- No me es ninguna molestia, Ray.

Ray miro los restos sanguinolentos que anteriormente era pertenecían a un regimiento. Mientras se dirigía a las tiendas, tuvo cuidado de no pisar ningún brazo o trozo de intestino. Por ese día, ya iba bastante servido de mierda ajena. Dentro de la tienda, comprobó que estaba lleno de víveres y de diversas provisiones.

- Creo que por hoy, hemos tenido suficiente – afirmo Ray mientras salía de la tienda – Acamparemos aquí, y gracias a las provisiones de nuestros anfitriones nos daremos un buen festín.

- Bravo – respondió el mago entusiasmado.

- Ya era hora – comento Pólux mientras sacaba un baúl de la tienda, lleno de alimentos diversos y lo dejaba cerca de la hoguera. Con el baúl abierto, el bárbaro saco una ristra de chorizos y los coloco sobre una plancha de metal que había encima de la hoguera – y nos contaras de que va todo esto, ¿No?

El mago levanto la vista y miro al ladrón.

- Claro – respondió Ray – pero primero comamos algo.

martes, 10 de febrero de 2009

II. .... De vuelta a clase....

- ... periquete - dijo el mago a sus compañeros, que hacían un corrillo alrededor de él.

- ¿Estas seguro, Gaiwan? - pregunto un mago de espesas cejas, poco convencido - Mira que nos la jugamos. Si esto no sale como tiene que salir, mal vamos.

- Pero vamos a ver. ¿Todavía estamos con estas dudas?

- No estamos con esas tío - le interrumpió otro mago con una calvicie mas que galopante en la cabeza - lo que te queremos decir Gaiwan es, que si nos pillan, es tema de expulsión y no es plan...

- ¡Pero que expulsión ni que niño muerto! - le corto Gaiwan - Llevamos preparando esto desde finales de noviembre, poco después de que los profesores marcaran las fechas de los exámenes. Lo hemos trabajado a conciencia, nos hemos informado de las rutinas de nuestros maestros. Que hacen después de clase, a que hora se van a sus dormitorios, cuando preparan los exámenes, que protecciones mágicas ponen sobre sus manuscritos, armarios, cofres o lo que sea.

El corrillo magos bajaron la vista y se miraron las puntas de las botas, y los que miraban para arriba, intentaban concentrarse en las musarañas mas cercanas. Unos pocos carraspeos y miradas nerviosas siguieron a continuación.

- Tenemos el pentagrama que nos pasaron para reventar los hechizos de protección. Tenemos escrito el hechizo que hay que recitar, e incluso tenemos los sedimentos esos tan raros que nos permitirán intensificar nuestro hechizo - continuo Gaiwan - Pero joder, ¿Que más garantías queréis?

- Hay una cosa que no me llega a cuadrar en todo este asunto, como si algo me oliera un poco mal, Gaiwan - dijo el mago de las cejas profundas.

- ¿Que? - pregunto Gaiwan cansado.

- Bueno, tu eres un alumno brillante, tus notas siempre están entre las mejores de clase sin apenas echar un ojo a tus apuntes. Sin embargo te estas metiendo en este tinglado para conseguir una copia del examen sin que a ti te venga a cuento. ¿Que necesidad tienes de copiar si apenas te hace falta estudiar para aprobar?

El corrillo de magos pusieron sus ojos sobre Gaiwan, y este los miró también mientras pensaba "Menuda panda de viejos decrépitos. ¿Cuantos años llevamos estudiando manuscritos, pergaminos y viejos libros mohosos?, ¿75 años? ¿80?, ¿90?, ¿quizás 100 años? ¿Y para que?, ¿Para conseguir mejorar nuestros conocimientos académicos sobre la magia, la realidad cotidiana, los movimientos de los astros, la vida, la muerte, el mas allá...? Y todo aferrado a un sistema académico arcaico y poco motivador. Perder la juventud (aunque sepamos alargar nuestro ciclo vital), para convertirnos en simples contenedor de información, sin apenas capacidad de poder en practica nuestros conocimientos. Menuda chapa. Si por lo menos, todo lo aprendido nos sirviera para mojar alguna vez... en fin."

- Muy sencillo mi cejudo amigo. Si ahí hay un hechizo, se puede contrarrestar. Así de simple. Quiero poner en práctica lo aprendido. Quiero demostrarme que puedo hacerlo.

Los magos del corrillo se le quedaron mirando fijamente. Algunos negaban con la cabeza, mientras otros se encogían de hombros. Al final, pensaron que lo mismo daba que se la jugara el, mientras ellos se beneficiaran.

La habitación apenas estaba iluminada por unas pocas velas, que dibujaban sombras juguetonas por las paredes y los cuadros. Aunque no suficientes para permitir echar un vistazo de atenta a los cuadros, pero si lo bastaban para facilitar la lectura de los documentos que había encima del escritorio y la inscripción que había encima de la chimenea, en la cual se podía leer "A bove maiori discit arare minor." El fuego que había encendido en la chimenea, crepita mientras consumía poco a poco los tocones que le servían de combustible.

Gaiwan sentado enfrente del escritorio, estaba con las manos entrecruzadas y mirándose los pies. No tenía ninguna gana de levantar la vista y encontrarse con la mirada de acero que le dedicaba el rector, sentado al otro lado de la mesa. Tenia pelo largo y barba de color blancos, y era ya muy anciano aunque increíblemente grande y fornido, llegando a mantener un tipo escultural. Era ciertamente cómico ver los enormes puños peludos del rector, mojar la pluma en la tinta para escribir documentos, si se dejaba de lado los pensamientos de ver esos puños incrustados en la jeta de algún alumno guasón. Los alumnos no sabían a que tenerle más miedo. Si el hecho de ser convertidos en un conejo que sirviese para las cocinas de la universidad, o que fuesen molidos a palos por esa masa de músculos, que sujetaba la varita mágica como un palito de regaliz.

En un desliz de Gaiwan, levanto la vista y se cruzo con la del rector. El rector poso los dos brazos encima de la mesa con los puños cerrados y poco a poco fue levantando sus respectivos dedos corazones.

- ¿Ves este dedo Gaiwan? - pregunto el rector mientras inclinaba la cabeza hacia la mano izquierda - Este dedo es para metértelo por el culo. Y este otro - continuo mientras señalaba la mano derecha con la cabeza - es para metértelo por el ojo, maldito gilipollas. ¿A que viene que un alumno de matricula se meta en semejantes berenjenales?

- ... eh… Bueno, digamos que me interesaba poner en práctica los conocimientos adquiridos durante todos estos años, como un reto personal, ya me entiende… - comento Gaiwan, mientras veía como al rector le palpitaba la vena derecha de su sien y comprendía su fatal error.

- Escúchame bien, capullo - le interrumpió el rector mientras se levantaba de su silla y le señalaba con el dedo - No voy a dejar que ningún toca pelotas ponga en evidencia a la universidad, y menos que desmonte las arcanas medidas de seguridad de ella. No se da cuenta de donde viene todo el dinero que hace uso la universidad ¿verdad? No tiene ni pajorela idea ¿es eso?

- Bueno... yo...

- Calma, calma. Le explicare gustosamente y muy tranquilo de donde sale – le volvió a cortar el rector mientras se sentaba de nuevo en su silla y se pasaba la mano por el pelo – usted sabe que parte de nuestra financiación procede de las matriculas de los alumnos y de las cuotas que se pagan mensualmente. Hasta ahí bien. Pero lo que seguro que no sabe, es que nuestra universidad tiene un porcentaje bastante alto de participaciones en una de las mejores empresas de seguridad mágica. No pregunte el nombre, no necesita saberlo. Al mismo tiempo que posemos parte de esa empresa también suministramos… “conocimientos” sobre medidas de seguridad, y además llevamos a cabo proyectos de gran envergaduras para nuestros clientes…

- Señor - le interrumpió Gaiwan – entiendo todo eso, pero no que tiene que ver con migo. Bueno, si que entiendo que lo que hice estuviese mal, todo eso de romper las medidas de seguridad y tal, pero no entiendo la interrelación con ese tema económico… - pero no le dio tiempo a decir más, ya que en un periodo de tiempo tan pequeño como difícilmente medible, el rector se levanto de la silla, le cogió de la túnica con uno de los arietes que poseía como puños y lo tumbo sobre la mesa. Tampoco le dio tiempo a que Gaiwan se defendiese, ya que el rector subió un poco la mano hasta llegar a la altura del cuello y empezó a hacer presión.

- Tan listo que es para desmotar las defensas mágicas y lo poco que lo es para temas empresariales. Preste atención – dijo mientras aumentaba la presión sobre el cuello de Gaiwan – si todo este asunto se destapa, nuestra empresa que vende protecciones mágicas perderá todo su prestigio, será el hazmerreír de la competencia, y perderemos valiosos tratos, ¿le queda claro mendrugo?

- ¿Y por que……. Cree… que se vaya……. a destapar? – musito a duras penas Gaiwan. El rector le miro fríamente a los ojos mientras Gaiwan pensaba, “¿cuando va a acabar esto?”. Pero no tuvo que esperar mucho más, ya que el rector aflojo la presión y quito la mano de su dolorido cuello.

- Nuestros competidores tiene muchos espías infiltrados, no solo en nuestra empresa, si no también en la propia universidad – comento el rector mientras se sentaba de nuevo en la silla y de nuevo volvía a alisarse el pelo. Gaiwan permanecía encima de la mesa un poco aturdido, por lo que no se movió. – Por esto debería ser expulsado, pero le diré que vamos a hacer. Unos… “socios” nos pidieron que les hiciésemos un pequeño favor, pero les dijimos que no, que era demasiado arriesgado. Debido al follon que nos has metido, haremos un pequeño apaño. Ellos nos solucionaron todo lo relacionado con posibles fugas de información no deseadas y nosotros, mejor dicho usted, le hará ese favor.

Gaiwan se le quedo mirando. Algo le olía muy mal pero no sabia concreta de que se trataba. ¿El rector estaba insinuando que él seria el encargado de llevar a cabo ese favor?, “¿Me libraré de esta forma de la expulsión? Aquí hay trampa” pensó para sus adentros Gaiwan.

- Me parece muy bien todo esto, pero… ¿no tendría que saber como mínimo de que se trata?

El rector le miro divertido. Sin decir palabra, se levanto de la silla y se dirigió de a la puerta del despacho y la abrió, mientras Gaiwan le seguía con la mirada extrañado.

- Será mejor que se lo expliquen ellos. Que tenga suerte – y sin decir nada mas, salio de la habitación y cerro la puerta. Gaiwan, tumbado todavía en la mesa, se quedo mirando unos instantes la puerta, solo apenas iluminado por las velas que había en el escritorio y por la luz que generaba el fuego de la chimenea.

- ¿Qué me lo expliquen ellos?, ¿a que diablos ha venido eso? – se pregunto con el ceño fruncido. No tuvo que esperar mucho más, para recibir una respuesta detrás de él.

- Nos alegra que se haya ofrecido a ayudarnos, sr. Gaiwan. Tenemos una oferta que no podrá rechazar.................

El capon que le propino el ladron a Gaiwan, le trajo de vuelta al presente.

- ¡Gaiwan! – gritó el ladrón al mago - ¿estas empanado o que?, ¿ya has descifrado esas runas?

- Bueno, eh… - comenzó Gaiwan mientras se rascaba la nuca – lo que esta claro es que son runas, no es nada nuevo pero por algún lado hay que empezar. Hasta ahí bien – el bárbaro y el ladrón se le quedaron mirando mientras ponían los ojos en blanco.

- También puedo decir que la mayor parte de los símbolos los conozco, entiendo o como queráis llamarlo – continuo el mago – Los que no entiendo, por el contexto y la sintaxis los puedo interpretar de manera mas que decente. El problema surge cuando después de haber traducido secciones, lo leo como un todo y no tiene… sentido alguno. No tiene nada de profético, ni maldiciones, ni advertencias, ni alegorías, ni metáforas, ni “naa de naa”. Si dijese algo, me daría una idea de que hechizo usar, pero no dice nada. Más bien parece como una especie de lista de la compra, cosa bastante extraña…

- ¿Una lista de la compra, dices? – pregunto el ladrón incrédulo.

- ¿Nos estas tomando el pelo, gañan? – pregunto el bárbaro inquieto.

- Bueno, tomar, lo que se dice tomar el pelo…

- ¿Nos estas diciendo que no tienes ni pajorela idea de que hacer para poder abrir esta maldita puerta? – grito Ray cabreado.

- Bueno, yo…

- ¡Buff! – interrumpió el bárbaro - me veo que esto va a ir para largo, mejor que nos pongamos comodos.

El bárbaro dejo la antorcha en el suelo y se quito el cinto donde llevaba la espada para dejarla también en el suelo. Con las manos libres empezó a hacer crujir las manos, e hizo ejercicios con el cuello para relajar los músculos. Por ultimo, después de estirar los brazos por encima de la cabeza para desentumecer las articulaciones, se dejo caer de espaladas contra la pared de runas, para dejarse deslizar y quedarse de esta forma sentado con las piernas extendidas. Sin embargo, esto ultimo no paso, ya que al apoyar la espalda contra la pared, el bárbaro se cayó para atrás, descubriendo así un pasadizo secreto. Tras la caída, el bárbaro se incorporo y se limpio el polvo de los pantalones.

- ¡Jajaja!, ¡Tanta mierda de hechizos, runas y conjuros, para al final dar un pequeño empujoncito y ya esta!

- Puff – bujo el mago - podría haber sido peor – comento el bárbaro mientras se recolocaba el gorro. El ladrón atravesó el pasadizo y se giro hacia el mago.

- No podría haber sido mas típico. Gaiwan, pásame la espada del suelo y la antorcha – ordeno el ladrón.

Gaiwan lo hizo y el ladrón le paso la espada al bárbaro. Ya con la antorcha en la mano pudo apreciar mejor donde estaban. Bueno, no tenía ningún misterio. Era un pasillo. Largo, muy largo, sin nada destacable. Nada destacable si no se tenía en cuenta que estaba en completamente oscuro. Pero para eso estaba la antorcha ¿No?

- ¿Y ahora que? – pregunto el bárbaro mientras se colocaba el cinto.

- Esta claro ¿No? – contesto el ladrón.