- ... periquete - dijo el mago a sus compañeros, que hacían un corrillo alrededor de él.
- ¿Estas seguro, Gaiwan? - pregunto un mago de espesas cejas, poco convencido - Mira que nos la jugamos. Si esto no sale como tiene que salir, mal vamos.
- Pero vamos a ver. ¿Todavía estamos con estas dudas?
- No estamos con esas tío - le interrumpió otro mago con una calvicie mas que galopante en la cabeza - lo que te queremos decir Gaiwan es, que si nos pillan, es tema de expulsión y no es plan...
- ¡Pero que expulsión ni que niño muerto! - le corto Gaiwan - Llevamos preparando esto desde finales de noviembre, poco después de que los profesores marcaran las fechas de los exámenes. Lo hemos trabajado a conciencia, nos hemos informado de las rutinas de nuestros maestros. Que hacen después de clase, a que hora se van a sus dormitorios, cuando preparan los exámenes, que protecciones mágicas ponen sobre sus manuscritos, armarios, cofres o lo que sea.
El corrillo magos bajaron la vista y se miraron las puntas de las botas, y los que miraban para arriba, intentaban concentrarse en las musarañas mas cercanas. Unos pocos carraspeos y miradas nerviosas siguieron a continuación.
- Tenemos el pentagrama que nos pasaron para reventar los hechizos de protección. Tenemos escrito el hechizo que hay que recitar, e incluso tenemos los sedimentos esos tan raros que nos permitirán intensificar nuestro hechizo - continuo Gaiwan - Pero joder, ¿Que más garantías queréis?
- Hay una cosa que no me llega a cuadrar en todo este asunto, como si algo me oliera un poco mal, Gaiwan - dijo el mago de las cejas profundas.
- ¿Que? - pregunto Gaiwan cansado.
- Bueno, tu eres un alumno brillante, tus notas siempre están entre las mejores de clase sin apenas echar un ojo a tus apuntes. Sin embargo te estas metiendo en este tinglado para conseguir una copia del examen sin que a ti te venga a cuento. ¿Que necesidad tienes de copiar si apenas te hace falta estudiar para aprobar?
El corrillo de magos pusieron sus ojos sobre Gaiwan, y este los miró también mientras pensaba "Menuda panda de viejos decrépitos. ¿Cuantos años llevamos estudiando manuscritos, pergaminos y viejos libros mohosos?, ¿75 años? ¿80?, ¿90?, ¿quizás 100 años? ¿Y para que?, ¿Para conseguir mejorar nuestros conocimientos académicos sobre la magia, la realidad cotidiana, los movimientos de los astros, la vida, la muerte, el mas allá...? Y todo aferrado a un sistema académico arcaico y poco motivador. Perder la juventud (aunque sepamos alargar nuestro ciclo vital), para convertirnos en simples contenedor de información, sin apenas capacidad de poder en practica nuestros conocimientos. Menuda chapa. Si por lo menos, todo lo aprendido nos sirviera para mojar alguna vez... en fin."
- Muy sencillo mi cejudo amigo. Si ahí hay un hechizo, se puede contrarrestar. Así de simple. Quiero poner en práctica lo aprendido. Quiero demostrarme que puedo hacerlo.
Los magos del corrillo se le quedaron mirando fijamente. Algunos negaban con la cabeza, mientras otros se encogían de hombros. Al final, pensaron que lo mismo daba que se la jugara el, mientras ellos se beneficiaran.
La habitación apenas estaba iluminada por unas pocas velas, que dibujaban sombras juguetonas por las paredes y los cuadros. Aunque no suficientes para permitir echar un vistazo de atenta a los cuadros, pero si lo bastaban para facilitar la lectura de los documentos que había encima del escritorio y la inscripción que había encima de la chimenea, en la cual se podía leer "A bove maiori discit arare minor." El fuego que había encendido en la chimenea, crepita mientras consumía poco a poco los tocones que le servían de combustible.
Gaiwan sentado enfrente del escritorio, estaba con las manos entrecruzadas y mirándose los pies. No tenía ninguna gana de levantar la vista y encontrarse con la mirada de acero que le dedicaba el rector, sentado al otro lado de la mesa. Tenia pelo largo y barba de color blancos, y era ya muy anciano aunque increíblemente grande y fornido, llegando a mantener un tipo escultural. Era ciertamente cómico ver los enormes puños peludos del rector, mojar la pluma en la tinta para escribir documentos, si se dejaba de lado los pensamientos de ver esos puños incrustados en la jeta de algún alumno guasón. Los alumnos no sabían a que tenerle más miedo. Si el hecho de ser convertidos en un conejo que sirviese para las cocinas de la universidad, o que fuesen molidos a palos por esa masa de músculos, que sujetaba la varita mágica como un palito de regaliz.
En un desliz de Gaiwan, levanto la vista y se cruzo con la del rector. El rector poso los dos brazos encima de la mesa con los puños cerrados y poco a poco fue levantando sus respectivos dedos corazones.
- ¿Ves este dedo Gaiwan? - pregunto el rector mientras inclinaba la cabeza hacia la mano izquierda - Este dedo es para metértelo por el culo. Y este otro - continuo mientras señalaba la mano derecha con la cabeza - es para metértelo por el ojo, maldito gilipollas. ¿A que viene que un alumno de matricula se meta en semejantes berenjenales?
- ... eh… Bueno, digamos que me interesaba poner en práctica los conocimientos adquiridos durante todos estos años, como un reto personal, ya me entiende… - comento Gaiwan, mientras veía como al rector le palpitaba la vena derecha de su sien y comprendía su fatal error.
- Escúchame bien, capullo - le interrumpió el rector mientras se levantaba de su silla y le señalaba con el dedo - No voy a dejar que ningún toca pelotas ponga en evidencia a la universidad, y menos que desmonte las arcanas medidas de seguridad de ella. No se da cuenta de donde viene todo el dinero que hace uso la universidad ¿verdad? No tiene ni pajorela idea ¿es eso?
- Bueno... yo...
- Calma, calma. Le explicare gustosamente y muy tranquilo de donde sale – le volvió a cortar el rector mientras se sentaba de nuevo en su silla y se pasaba la mano por el pelo – usted sabe que parte de nuestra financiación procede de las matriculas de los alumnos y de las cuotas que se pagan mensualmente. Hasta ahí bien. Pero lo que seguro que no sabe, es que nuestra universidad tiene un porcentaje bastante alto de participaciones en una de las mejores empresas de seguridad mágica. No pregunte el nombre, no necesita saberlo. Al mismo tiempo que posemos parte de esa empresa también suministramos… “conocimientos” sobre medidas de seguridad, y además llevamos a cabo proyectos de gran envergaduras para nuestros clientes…
- Señor - le interrumpió Gaiwan – entiendo todo eso, pero no que tiene que ver con migo. Bueno, si que entiendo que lo que hice estuviese mal, todo eso de romper las medidas de seguridad y tal, pero no entiendo la interrelación con ese tema económico… - pero no le dio tiempo a decir más, ya que en un periodo de tiempo tan pequeño como difícilmente medible, el rector se levanto de la silla, le cogió de la túnica con uno de los arietes que poseía como puños y lo tumbo sobre la mesa. Tampoco le dio tiempo a que Gaiwan se defendiese, ya que el rector subió un poco la mano hasta llegar a la altura del cuello y empezó a hacer presión.
- Tan listo que es para desmotar las defensas mágicas y lo poco que lo es para temas empresariales. Preste atención – dijo mientras aumentaba la presión sobre el cuello de Gaiwan – si todo este asunto se destapa, nuestra empresa que vende protecciones mágicas perderá todo su prestigio, será el hazmerreír de la competencia, y perderemos valiosos tratos, ¿le queda claro mendrugo?
- ¿Y por que……. Cree… que se vaya……. a destapar? – musito a duras penas Gaiwan. El rector le miro fríamente a los ojos mientras Gaiwan pensaba, “¿cuando va a acabar esto?”. Pero no tuvo que esperar mucho más, ya que el rector aflojo la presión y quito la mano de su dolorido cuello.
- Nuestros competidores tiene muchos espías infiltrados, no solo en nuestra empresa, si no también en la propia universidad – comento el rector mientras se sentaba de nuevo en la silla y de nuevo volvía a alisarse el pelo. Gaiwan permanecía encima de la mesa un poco aturdido, por lo que no se movió. – Por esto debería ser expulsado, pero le diré que vamos a hacer. Unos… “socios” nos pidieron que les hiciésemos un pequeño favor, pero les dijimos que no, que era demasiado arriesgado. Debido al follon que nos has metido, haremos un pequeño apaño. Ellos nos solucionaron todo lo relacionado con posibles fugas de información no deseadas y nosotros, mejor dicho usted, le hará ese favor.
Gaiwan se le quedo mirando. Algo le olía muy mal pero no sabia concreta de que se trataba. ¿El rector estaba insinuando que él seria el encargado de llevar a cabo ese favor?, “¿Me libraré de esta forma de la expulsión? Aquí hay trampa” pensó para sus adentros Gaiwan.
- Me parece muy bien todo esto, pero… ¿no tendría que saber como mínimo de que se trata?
El rector le miro divertido. Sin decir palabra, se levanto de la silla y se dirigió de a la puerta del despacho y la abrió, mientras Gaiwan le seguía con la mirada extrañado.
- Será mejor que se lo expliquen ellos. Que tenga suerte – y sin decir nada mas, salio de la habitación y cerro la puerta. Gaiwan, tumbado todavía en la mesa, se quedo mirando unos instantes la puerta, solo apenas iluminado por las velas que había en el escritorio y por la luz que generaba el fuego de la chimenea.
- ¿Qué me lo expliquen ellos?, ¿a que diablos ha venido eso? – se pregunto con el ceño fruncido. No tuvo que esperar mucho más, para recibir una respuesta detrás de él.
- Nos alegra que se haya ofrecido a ayudarnos, sr. Gaiwan. Tenemos una oferta que no podrá rechazar.................
El capon que le propino el ladron a Gaiwan, le trajo de vuelta al presente.
- ¡Gaiwan! – gritó el ladrón al mago - ¿estas empanado o que?, ¿ya has descifrado esas runas?
- Bueno, eh… - comenzó Gaiwan mientras se rascaba la nuca – lo que esta claro es que son runas, no es nada nuevo pero por algún lado hay que empezar. Hasta ahí bien – el bárbaro y el ladrón se le quedaron mirando mientras ponían los ojos en blanco.
- También puedo decir que la mayor parte de los símbolos los conozco, entiendo o como queráis llamarlo – continuo el mago – Los que no entiendo, por el contexto y la sintaxis los puedo interpretar de manera mas que decente. El problema surge cuando después de haber traducido secciones, lo leo como un todo y no tiene… sentido alguno. No tiene nada de profético, ni maldiciones, ni advertencias, ni alegorías, ni metáforas, ni “naa de naa”. Si dijese algo, me daría una idea de que hechizo usar, pero no dice nada. Más bien parece como una especie de lista de la compra, cosa bastante extraña…
- ¿Una lista de la compra, dices? – pregunto el ladrón incrédulo.
- ¿Nos estas tomando el pelo, gañan? – pregunto el bárbaro inquieto.
- Bueno, tomar, lo que se dice tomar el pelo…
- ¿Nos estas diciendo que no tienes ni pajorela idea de que hacer para poder abrir esta maldita puerta? – grito Ray cabreado.
- Bueno, yo…
- ¡Buff! – interrumpió el bárbaro - me veo que esto va a ir para largo, mejor que nos pongamos comodos.
El bárbaro dejo la antorcha en el suelo y se quito el cinto donde llevaba la espada para dejarla también en el suelo. Con las manos libres empezó a hacer crujir las manos, e hizo ejercicios con el cuello para relajar los músculos. Por ultimo, después de estirar los brazos por encima de la cabeza para desentumecer las articulaciones, se dejo caer de espaladas contra la pared de runas, para dejarse deslizar y quedarse de esta forma sentado con las piernas extendidas. Sin embargo, esto ultimo no paso, ya que al apoyar la espalda contra la pared, el bárbaro se cayó para atrás, descubriendo así un pasadizo secreto. Tras la caída, el bárbaro se incorporo y se limpio el polvo de los pantalones.
- Puff – bujo el mago - podría haber sido peor – comento el bárbaro mientras se recolocaba el gorro. El ladrón atravesó el pasadizo y se giro hacia el mago.
- No podría haber sido mas típico. Gaiwan, pásame la espada del suelo y la antorcha – ordeno el ladrón.
- ¿Y ahora que? – pregunto el bárbaro mientras se colocaba el cinto.
- Esta claro ¿No? – contesto el ladrón.


jajaja... mucho mas buena la parte del mago, no pares de escribir ya tengo ganas de saber de donde viene el barbaro y en que jodienda se han metido estos tres desgraciados jeje... te voy a hacer unas ilustraciones, te las pasare y las cuelgas. un saludo tio soy Pablo.
ResponderEliminarBuueeeeenooo, ya me he leido los dos primeros capítulos y están divertidos, me gusta la mezcla de una historia de antaño con magos y demás y el uso de palabras y expresiones cotidianas como cuando el rector le dice que uno de los dedos es para meterselo por el culo,jejeje. En fin, sigue así. Ahora a esperar al siguiente,supongo que con la historia del bárbaro y viendo a dónde conduce ese pasillo...
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